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El gobierno mexicano plantea una dilema absurdo, a saber que la guerra es entre buenos y malos, entre los violentos y los no-violentos

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No queremos ser policías


Fernanda Larrainzar, miembro del Consejo Central de la LJC.

“Se buscan jóvenes que quieran proteger a su gente”, es el slogan que utilizan la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de Educación Pública en su convocatoria para que jóvenes de educación media superior se incorporen a las filas de la Policía Estatal Acreditable. Incluso ya existe un convenio, suscrito por el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), la SEP y el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica (Conalep).

 

 

En un inicio esta convocatoria será distribuida al 25 por ciento de la matrícula del país en este nivel de estudios. Y se buscará que por cada entidad federativa sean reclutados alrededor de 1850 jóvenes para realizar labores de inteligencia, análisis táctico, de investigación y operativos con unidades de fuerza.

Para el secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Miguel Alcántara Soria, el titular de la SEP, Alonso Lujambio, el secretario de Gobernación, José Francisco Blake y el subsecretario de Educación Media Superior, Miguel Ángel Martínez, esta iniciativa es “la estrategia de combate a la delincuencia”, “el principio del fin de la violencia”, “la oportunidad de contar con una policía confiable” y “la posibilidad que tiene el Estado mexicano de profesionalizar los cuerpos de policías estatales”.

Es increíble el descaro y el cinismo de estos señores, que pretenden utilizar a la juventud para incrementar y perfeccionar los cuerpos represivos para combatir la delincuencia organizada. Los jóvenes que estudian en los Conalep y en las preparatorias públicas, son en su mayoría hijos de trabajadores y de personas que hacen un gran esfuerzo por pagar la escuela para que sus hijos continúen estudiando. Estos señores quieren arrebatar la poca probabilidad de que los jóvenes continúen sus estudios, para alimentar al ejército y policías.

El Estado burgués nos hace creer que la solución al problema del narcotráfico y la violencia, tiene una solución dentro de los mismos marcos donde el sistema se desarrolla, el gobierno mexicano plantea una dilema absurdo, a saber que la guerra es entre buenos y malos, entre los violentos y los no-violentos, etc. En pocas palabras el sistema plantea la muerte como solución a la muerte, destrucción para combatir a la destrucción. Finalmente este sistema ve a los jóvenes como personas que deben ser reclutadas para engrosar el aparato represivo y seamos nosotros los primeros en las líneas de fuego en su guerra. Este es el único futuro que nos ofrece el sistema capitalista, ser carne de cañón.

La Liga de la Juventud Comunista (LJC) hace público su rechazo y condena esta iniciativa que pretende llevar a la muerte a miles de jóvenes, que pertenecen a las capas populares.

La LJC convoca a los jóvenes para que se sumen a nuestras filas y hace un llamado a la organización en las escuelas, en los barrios y en los trabajos. Sepan que de este lado tenemos una propuesta justa para la juventud mexicana. Nos hemos planteado la lucha por conseguir mejores condiciones de vida para los jóvenes, pensamos que la solución está en la construcción de una sociedad nueva donde se nos garantice el acceso a la educación, a la salud, a la vivienda, a la cultura, al deporte y a la recreación, donde no seamos vistos como instrumentos para la guerra y tengamos que morir por causas ajenas a nosotros.

Definitivamente el Socialismo ofrece a la juventud un mejor futuro que el que nos promete el sistema capitalista y su orden burgués. Para alcanzar este gran objetivo que se llama Socialismo necesitamos de todos ustedes, de los rebeldes e insumisos.

¡Tomemos el futuro en nuestras manos!

¡Que viva la juventud unida!