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El desarrollo del movimiento estudiantil implica construir sobre la experiencias, elevar el nivel de lucha, hacer que se desarrollen la conciencia de clase para comprender que el problema es más grande

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La educación superior, los rechazados y el movimiento estudiantil. Una meditación sobre el tema.

 

 

Ángel Chávez miembro del Consejo Central de la LJC.

 

“¡No aceptamos ser rechazados!” Esta es la consigna que cada año levantan aquellos estudiantes que no lograron obtener un lugar en las licenciaturas de las universidades públicas, en especial la UNAM[1], UAM[2], IPN. La consiga es legítima, y tras ella se articula cada año un espontáneo movimiento que arroja los siguientes resultados: en el 2010 de 133 mil 43 aspirantes que presentaron examen para ingresar al nivel superior, sólo fueron admitidos 10 mil 284; en este año (2011) de 197 mil 525 aspirantes, consiguieron un lugar 16mil 406 jóvenes, es decir, que cada año alrededor del 90% de los aspirantes se quedan sin la oportunidad de tener una preparación profesional y carecen de un acercamiento al campo de conocimiento en que les interesaba desarrollarse.

Sobre este tema, el especialista Hugo Aboites declaró que “la descalificación sistemática hacia los jóvenes, basada en un examen de admisión que los excluye, es algo que los marca y que contribuye al sustrato de violencia, dejándoles como opción el comercio informal y la inacción”[3] (yo le agregaría la delincuencia). No es necesario profundizar en este espacio, como se expresa de modo concreto el malestar que causa a los miembros de la sociedad “el ser excluido” de la educación superior, pues es algo que vivimos todos los días, estoy seguro de que cada uno de los lectores conoce al menos a una persona que no pudo continuar con sus estudios.

Preguntémonos ¿Qué ha hecho el movimiento estudiantil? La respuesta es –nada- porque algo que no existe no puede ser actuar, la pregunta correcta que hay que hacernos es: ¿Qué han hecho los diferentes grupos u organizaciones que aglutinan a los estudiantes rechazados?

Para dar satisfactoria respuesta a la pregunta es menester recordar que, luego de la huelga de 1999 en la UNAM (la cual logró parar las reformas privatizadoras de la educación pública), el movimiento estudiantil quedó desarticulado, impidiendo así que se convierta en bastión de lucha para lograr resolver hasta las demandas más inmediatas de la población correspondiente. Hasta ahora no se ha podido desarrollar con la fuerza que se necesita, se ha quedado en la infancia sin poder madurar, pues las reivindicaciones inmediatas de los estudiantes son sólo destellos que se desvanecen casi de inmediato.

De este modo el movimiento estudiantil no existe, pero las organizaciones que aglutinan estudiantes como el MAES (Movimiento de Aspirantes Rechazados de la Educación Superior), con el CLEP - CEDEP[4] como participantes de este en particular, han manejado un discurso desde el 2006 a favor de la educación pública y gratuita, y cada año presentan peticiones de aumento de la matrícula en las universidades. Pero miremos el calendario, ya es el 2011 y no se ha visto avance alguno, al contrario, los estudiantes dejan de creer en la organización y el gobierno se aburre de las quimeras que le presentan, tanto así que la SEP ha dicho que es la última vez que analiza las demandas presentadas.[5] Los únicos resultados son que se acepte a algunos de los estudiantes que integran las marchas o movilizaciones, pero el movimiento no se ha podido desarrollar, ¿esto es un avance o un retroceso? Creo yo que un retroceso, pues no se ha logrado construir sobre las experiencias.

El desarrollo del movimiento estudiantil implica construir sobre la experiencias, elevar el nivel de lucha, hacer que se desarrollen la conciencia de clase para comprender que el problema es más grande, esto lleva a que una la constancia de la organización y hace que una vez que pasa la efervescencia de una coyuntura los no estudiantes se olviden de la organización, e incluso se enlacen con otras luchas del pueblo.

Levantar la consigna de aumento de matrícula es legítimo, pero absurdo en este sistema capitalista, pues para ello se requeriría que el estado proporcione más recursos para la infraestructura educativa, pero yo me pregunto ¿de verdad alguien cree que bajo este sistema político y económico se destinará más presupuesto a la educación? Y en dado caso que pasara, serían sólo migajas del populismo, o los calmantes de un supuesto “estado de bienestar”, en otras palabras: “¡Basta ya del engaño, el capitalismo no se hace humano!” Pedir más recursos para la educación con el objeto de que todos tengan acceso a cursar una licenciatura o especialización, es el sueño de los reformistas.

Cuando el BM, el FMI y las políticas neoliberales (que son al final de cuentas capitalistas) buscan la privatización de la educación, la petición de –“mayor presupuesto a las universidades y aumento de la matricula”- como consignas aisladas, son solamente frases de las que se burla el Estado. Francamente se debe buscar la ruptura total con el sistema de explotación capitalista.

La propuesta de la Liga de la Juventud Comunista (LJC) es más profunda, no se reduce a considerar la educación como un estrato fuera de los intereses del mercado, o a las universidades como instituciones neutrales entre los intereses del pueblo y los de los dueños de las empresas. Creemos que las consignas de ¡Más presupuesto a la educación! ¡Aumento de la matricula! son legítimas, pero erróneas en un momento en que el estado busca todo lo contrario, para que sean correctas deben estar acompañadas de un proyecto global que aborde un cambio en todos los ámbitos de la sociedad, y de la comprensión de que las fallas en el sistema educativo no son “carencias o pequeñas fallas” del sistema, sino males inherentes del mismo; sólo así el movimiento estudiantil logrará elevar la conciencia de aquellos que se aproximan a él, para más tarde poder ser el bastión en el que se apoyen los movimientos de otros sectores de la población.

Para poder comprender el verdadero problema detrás del fenómeno que se nos presenta (una mayoría excluida de la educación superior, dada por la reducción de la matrícula en la Universidades), es necesario meditar primero sobre aquello que se nos aparece bajo un análisis simple, partiendo de lo que se considera el “deber ser” en el actual sistema capitalista.

Tres falacias sobre la educación bajo el sistema capitalista.

El problema de la educación superior en nuestra sociedad está ligado tres falacias, de lo que significa tener acceso a estos estudios: A) Por un lado se considera: una manera de mejorar el nivel de ingresos económicos. B) Por otro lado: se cree que permite una menor explotación, C) Se creé que va de la mano con ascender o mantenerse en la supuesta “escala social” que tiene como parámetros (además de la posesión de recursos materiales) la cualidad de desarrollar un trabajo especializado, así tenemos que se admira al señor médico, o al señor licenciado. He aquí una mirada desde la sociedad establecida, que arroja luces de la respuesta inconsciente que se da hoy a la pregunta ¿para que se estudia? La respuesta bajo un mundo donde el mercado determina gran parte de la vida de los humanos y donde todo se considera mercancía, no puede ser otra que: se estudia para ganar dinero colocándose en una profesión que facilite la vida; si se quiere la respuesta que está detrás es: se estudia para poder venderse mejor en el “mercado laboral”[6] ¿pero de verdad es así? Con el siguiente análisis intentaré demostrar que esto no solo es falso, sino que oculta detrás relaciones de explotación.

Ahora ya podemos dar paso a desarticular las falacias, a desenmascarar el engaño que se oculta bajo este pensamiento que en la cotidianeidad se nos presenta como verdadero.

A) ¿La preparación profesional es de verdad fuente de mejores ingresos?

Comencemos por decir que “El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) informó que en junio pasado la tasa oficial de desocupación (de gente desempleada) en el país fue de 5.42 % de la población económicamente activa (PEA)”[7], de esta cantidad de desempleados la mayor parte son profesionales o personas con alguna especialización, que cuando tienen empleo en general termina trabajando en alguna cosa no acorde a su preparación. Entonces si no hay empleo y los que estudian no trabajan en aquello que estudiaron, es lógico afirmar que la profesionalización no es fuente de mejores ingresos.

Para la fuerza de trabajo o mano de obra calificada, no hay tanto espacio ya que la industria solo requiere determinada cantidad y lo demás son sobrantes, dado que las grandes empresas solo aceptan a aquellos que tienen la posibilidad de desarrollar un curriculum amplio o en dado caso contrata extranjeros. De modo que en la sociedad actual, estudiar para obtener un mejor salario es una falsedad, puesto que la mayoría de la población, aún con estudios, no logra encontrar trabajo y si lo tiene es mal remunerado. Sobre el tema, el doctor Héctor Castillo Berthier, de la Unidad de Estudios sobre la Juventud del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM indicó:

“las posibilidades de acceder a un empleo de calidad son en realidad mínimas […] Este problema afecta a todos los jóvenes, incluso a aquellos que se han preparado con estudios universitarios, lo que demuestra que la educación ha dejado de ser el instrumento de movilidad social que antaño la caracterizaba. Datos recientes señalan que de cada diez egresados universitarios, sólo siete encontrarán trabajo, y de estos últimos sólo cuatro lo harán en algún empleo relacionado con la profesión que eligieron”.[8]

Este fenómeno se debe a que el desempleo es inherente al sistema capitalista, y el trabajo especializado (es decir los profesionistas, los que hoy somos estudiantes) nos vemos sometidos a la misma dinámica. Para poder intuir el problema de la educación es necesario no verla como un factor aislado de la dinámica social, sino como parte de la realidad, comprendida esta como la totalidad concreta en desarrollo, enlazándola con los demás procesos que se dan en la sociedad. Esto nos lleva a meditar sobre el porqué y el momento en que se dio el proceso de masificación de la educación, es decir, nos sitúa en la moderna sociedad capitalista que con la implacable necesidad de actualizar las fuerzas productivas, orilla a un sector más amplio de la población a dedicarse a la investigación. El desarrollo de las fuerzas productivas de la mano con la creciente división social del trabajo, empuja a la industria a necesitar de diversos trabajos especializados, lo que se concreta en la sociedad en forma de apertura de las universidades a sectores más amplios de la población. En otras palabras, el desarrollo de la educación bajo el capitalismo va de la mano con las necesidades de la industria y no apegado al desarrollo del bienestar humano.

Cuando la demanda del trabajo calificado sube, se abre el proceso de la masificación de la educación, un ejemplo concreto de esto es que para finales del Porfiriato, salía tan caro pagar el trabajo especializado de técnicos y profesionistas extranjeros que echaran a andar la industria con los avances tecnológicos, que fue preferible para el gobierno empezar a formar en el mismo país a la mano de obra especializada[9]. Otro ejemplo es que a partir de la década de los 40’s con el llamado “Milagro mexicano” (etapa de desarrollo económico con un crecimiento sostenido que aceleró la modernización e industrialización de México) se dio una apertura mayor a la educación de masas para lograr satisfacer los requerimientos de la naciente industria; sin esta necesidad de trabajo especializado no pudieron existir los grandes contingentes de estudiantes que participaron en el movimiento del 68.

La educación está también a merced del retroceso en las políticas del “estado de bienestar” en los países capitalistas, hecho que va de la mano con las políticas de los organismos internacionales que manejan la economía (BM y FMI), los cuales ponen como condición para el préstamo de dinero, que los países desarrollen las políticas de dichos organismos. En otras palabras, la educación pública se ha visto golpeada por las políticas internacionales, ya sea con los dictámenes que hacen que el estado reduzcan el financiamiento a este sector o con la privatización de la educación en países como Chile y los intentos de hacerlo en otros países como en México en 1999 .

B) Para poder cerrar este análisis, preguntémonos ¿de verdad el ingresar a la educación superior permite una mejor remuneración con una menor explotación de tu trabajo? Esto tiene que analizarse desde la perspectiva cualitativa y cuantitativa; lo que se nos muestra a la vista sin un análisis profundo procede desde la perspectiva cualitativa, así pues, mientras que un obrero no especializado debe trabajar 8 horas o más para obtener una remuneración que le alcance para subsistir, se observa que un especialista tiene la opción de trabajar menos horas y tener una misma remuneración o una más alta. Para concretarlo en una fórmula: desde la perspectiva cualitativa el nivel de remuneración es directamente proporcional al nivel de la especialización. Pero también: el número de las horas de trabajo necesarias para subsistir materialmente es inversamente proporcional a la especialización.

Ahora observemos la fuerza de trabajo especializada y la no especializada, la primero posee una diferencia cualitativa que se expresa en el valor de la producción cada una genera en un mismo tiempo de trabajo, es decir, aun cuando los dos tipos de fuerza de trabajo tengan igualdad cuantitativamente son distintos cualitativamente, de aquí se desprende que con menos tiempo de trabajo un especialista pueda ganar más, pero detrás de esto se encuentra una mayor explotación (entendiendo esta como la plusvalía que se le extrae, es decir el tiempo de trabajo no remunerado por el patrón) al especialista que se formó en la educación superior, pues el robo de que será víctima es proporcionalmente mayor al que padece un trabajador no especializado. Así que, pese a la especialización y la mejor remuneración: la extracción de plusvalía a un trabajador especializado es directamente proporcional a la especialización que tiene (lo que es lo mismo, a mayor preparación mayor explotación cualitativa).

Para explicarlo de otro modo: A menor preparación profesional, mayor explotación en forma directa (jornada laboral más extensa); a mayor profesionalización mayor explotación de forma indirecta de la fuerza de trabajo (jornada laboral con instrumentos más avanzados o especializados que permiten una producción más rápida)

En conclusión, es tan explotado un profesional que estudio en la universidad, como el trabajador que no lo hizo, la única diferencia es que uno lo es de forma cuantitativa y otro de forma cualitativa. Así es como se derriba el mito de que los que estudian la universidad son menos explotados.

C) En cuanto a la falacia de que la educación es un medio para posicionarse en una escala mayor en la sociedad, es una ilusión menos fundamentada que la primera, puesto que sólo demuestra que dentro del sistema capitalista, la educación no está encaminada para el desarrollo de las capacidades del sujeto o para avanzar en el desarrollo buscando el bienestar de la humanidad en general; sino para satisfacer el lucro de las industrias, que finalmente se traduce en saciar la sed de ganancias de los capitalistas. Pensar que estudiar una profesión da una estatus quo, es muestra de cómo la ideología de la burguesía penetra en el resto de la sociedad, comprobando así que “la ideología dominante en cada época es la de la clase dominante”. La educación debe ser para todos, y el imaginario colectivo de que estudiar da “estatus”, está hermanado con creer que la educación es elitista por sí misma y para unos cuantos (supuestamente los más aptos), esto se deriva de la concepción que nos han creado en este sistema capitalista donde es posible que todo sea una mercancía. Solo dentro de una sociedad distinta se puede erradicar esta concepción.

Un ejemplo de que sólo en el socialismo la educación está encaminada no a buscar mayores ingresos y reconocimiento social, es que los médicos cubanos son reconocidos a nivel mundial y su remuneración es menor a la que reciben los médicos de otros países, y no por eso baja la matrícula de dicha carrera de los miles de estudiantes que recibe Cuba cada año.

Epílogo

Ahora que ya hemos hablado sobre los aspectos que implica el hablar de la educación en la actual sociedad, y que hemos desmentido los supuestos, podemos decir con toda seguridad que el problema de que no todos tengan derecho a la educación, no es una cuestión de una “pequeña falla en el sistema” (pues ya explicamos que la educación va de la mano de las necesidades de la industria y de las políticas económicas) sino una necesidad del mismo. De este modo se verifica como necesario que para poder terminar con los problemas educativos en su totalidad, es necesario un cambio radical en la sociedad a largo plazo, y en lo inmediato se requiere de combinar las demandas inmediatas de aumento de matrícula y mayor financiamiento a la educación pública, junto con la de transformar el sistema económico y social. Así podemos proponer como parte de la meditación sobre el problema inmediato (alrededor del 90% de rechazados de la educación superior) que:

a) La educación no está aislada de la dinámica capitalista, pues va de la mano de la necesidad del desarrollo de las fuerzas productivas y la división social del trabajo.

b) El gran número de estudiantes rechazados de la educación superior se debe a la falta de infraestructura destinada a la educación, lo que va de la mano con la elitización de la misma.

c) La falta de financiamiento se debe a la política neoliberal y a los mandatos del FMI y BM.

d) Las políticas arriba mencionadas se deben a que en la sociedad capitalista la forma mercancía hace de los servicios sociales una mercancía más.

Por lo tanto las demandas de una educación de calidad para todos, la cual enfoque como principal objetivo el desarrollo del hombre solo puede resolverse:

a) Comprendiendo que hoy la educación está guiada por los intereses de los capitalistas, y que pedir aisladamente (de un proyecto social general) más financiamiento a la educación, es como pedirle a la época clásica que nos de arte barroco.

b) Presentándonos en las movilizaciones estudiantiles espontáneas buscando concientizar a la población de que los intereses de los gobernantes y los empresarios son contrarios a los del pueblo, así dando a entender la necesidad de la ruptura total del orden político como condición de posibilidad para la resolución total de las demandas sociales.

c) Sintetizando y sistematizando las experiencias del desarrollo de las luchas, a fin de poder iniciar la construcción y dar la dirección al movimiento estudiantil.

d) Luchando por el socialismo.



[1] “Marchan “rechazados” de la UNAM a la SEP. Al grito de ¡no más ninis! exigen apertura de más espacios educativos” La Jornada en línea 25 de junio 2011. La UNAM sólo tenía lugares para un 10 por ciento de los 60 mil aspirantes”

[2] Ibid. La UAM sólo aceptó a 3 mil 800 estudiantes de los cerca de 76 mil que realizaron la prueba.

[3] Itza, Varela. “Rechazar jóvenes mediante un examen, un riesgo: Aboites” La Jornada. 25 de Julio 2011 p. 36

[4] CLEP- Comité de Lucha de Estudiantes del Politécnico; CEDEP

[5] Karina Avilés “Una generación perdida” La Jornada. 26 de Julio 2011 p. 4

[6] Nótese que la expresión “mercado laboral” demuestra sin ser netamente marxista, que los humanos o mejor dicho, nuestra fuerza de trabajo (y con ella nuestro ser) no somos más que otras mercancía como lo son la ropa y los huevos, los celulares y los coches; esto es un acercamiento a la objetivación del sujeto y la subjetivación de las mercancías.

[7] Carlos Fernández La Jornada. 1° de Agosto 2011. De aquí surge otra pregunta ¿cuantas personas conoces que no tienen un empleo fijo, seguro u oficial? es decir ¿le crees al INEGI?

[8] Muñoz Ríos Patricia, “Peligroso aumento en el desempleo juvenil; los mejores instruidos, entre los más perjudicados.” La Jornada 25 julio 2011.

[9] La filosofía positivista bajo la cual se buscó fundar la universidad en 1910, concuerda con el engaño del capitalismo que intenta equiparar el desarrollo de la industria al desarrollo de la humanidad, haciendo creer a esta que está en el progreso indefinido por su bien. Ese supuesto progreso en que nos hace creer el capitalismo, es el que según Walter Benjamin empuja al ángel de la historia mientras que con “su rostro vuelto al pasado […] ve una catástrofe única, que arrojando a sus pies ruina sobre ruina […]”, las ruinas que ve el ángel son los costos que trae a la sociedad el progreso material despegado del beneficio de la humanidad. Vid. Walter Benjamin Tesis IX sobre la historia.