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Las drogas (legales e ilegales) son un arma de control y dominación de la burguesía para enajenar al proletariado

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1° Parte El narcotráfico como la radicalización de la lógica capitalista.

Héctor Maravillo miembro del Consejo Central de la LJC.

El concepto de narcotráfico ha sido desvirtuado por los medios de comunicación (léase dominación) masiva y los medios oficiales; al considerarlo como una categoría jurídica, recurriendo al ente abstracto del crimen organizado, se ignora así la esencia y causa del problema y de paso funciona como escusa para la militarización del país. La propaganda oficial y en cierta medida el sentido común, le ha asignado al narcotráfico, dos características fundamentales, la violencia y la ilegalidad, sin embargo esto choca con la realidad, pues si uno observa el trafico de drogas en los países desarrollados y altamente consumidores, como EEUU y Europa, es claro que no necesitan utilizar la violencia al grado de los países productores, como Colombia, Afganistán o México, pues basta con llegar a acuerdos con el gobierno y la burguesía de estos países. En otro sentido, si pensamos en los orígenes del narcotráfico, su historia se reduce a menos de 200 años; durante siglos las drogas habían tenido un uso ceremonial, medicinal o recreativo, es hasta el siglo XIX cuando inversionistas europeos se dieron cuenta del potencial adictivo de estas sustancias y con ello de su capacidad comercial, por tanto decidieron iniciar la masificación de las drogas como mercancías, después de la guerra del Opio con China.


 

El factor fundamental del narcotráfico es que la droga es una mercancía, esto desemboca en dos contradicciones. La primera, es la degradación material e ideológica que ha llevado el capitalismo a las diferentes clases sociales, empujando a mucha gente a utilizar las drogas (legales e ilegales) para enajenarse de las duras condiciones de su vida; paradójicamente las drogas por su carácter adictivo y al estar enmarcadas en las relaciones capitalistas, provocan una demanda inelástica y tendencialmente creciente. Segundo, la pauperización constante de las condiciones de vida dentro del capitalismo así como las enormes y crecientes ganancias que deja el narcotráfico, impulsan a las personas a correr los riegos y adentrarse en la economía ilegal de las drogas, quienes al igual que Hernán Cortés tienen ‘una enfermedad que sólo el oro puede curar’.

El narcotráfico es una industria capitalista dedicada a la producción, intercambio y distribución de las drogas ilegales, y como cualquier industria capitalista se sostiene de la explotación de la fuerza de trabajo. Los narcotraficantes son entonces un sector de la burguesía que se caracteriza por ser sumamente violenta y ambiciosa, que no sólo explota económicamente a los trabajadores, sino que al estar fuera del orden legal, puede recurrir a medidas extraeconómicas, como la violencia o la corrupción. Del otro lado del sistema se encuentran los trabajadores, que cultivan, procesan, empaquetan, transportan, vigilan y comercializa con la droga, por tanto al vender su fuerza de trabajo arriesgan por completo su libertad y en muchos casos la vida misma; aunque esto resulta compensado por una remuneración relativamente alta.

Ciro Krauthausen y Luis Fernando Sarmiento[1] (sociólogos colombianos) proponen un modelo analítico para Colombia, que bien puede utilizarse en México; ellos afirman que los narcotraficantes y sus empresas (las mal llamadas ‘carteles’) se enfocan en la producción y exportación de la droga, controlando el mercado como oligopolios, mientras que los dos extremos, los campesinos y los pequeños distribuidores, conservan un mercado competitivo entre sí, pero controlados y explotados por los monopolios de las drogas. Sin embargo, en el narcotráfico gran parte de la ganancia, reside en el consumidor, pues dado las características adictivas de las drogas, la demanda es inelástica, es decir, el grueso de la demanda no se ve afectada por los cambios en los precios, así pueden imponerse altos precios monopólicos, y aún así seguirá existiendo la misma cantidad de personas dispuestas a comprar la droga.

Debemos tener en cuenta que todas las drogas (legales e ilegales) son un arma de control y dominación de la burguesía para enajenar al proletariado. Por lo tanto la solución al problema no está en la prohibición o legalización de las drogas, sino en la destrucción de las relaciones sociales de explotación, que obligan a las clases trabajadoras a querer huir de la realidad y que permiten lucrar con la adicción en forma de mercancía. En pocas palabras, el narcotráfico es un problema causado por el capitalismo, y enterrado en su mismo seno, por lo tanto, sólo es posible dar una lucha frontal y eficaz al narcotráfico y la drogadicción, con la construcción de relaciones sociales nuevas, las del socialismo-comunismo.

Irónicamente, la ilegalidad le otorga al narcotraficante la libertad de utilizar cínicamente relaciones de poder (violencia, corrupción, coaptación) para su obtener el máximo beneficio. Sin embargo, que la ilegalidad imponga nuevas condicionantes al mercado de las drogas, no debe llevarnos a deducir que la solución al conflicto es la legalización de las drogas, esto solo es una visión parcial del problema. El consumo de drogas es tolerado por el Estado, siendo favorable para éste y la burguesía, pues enajena a la sociedad, y aminora el descontento social. A pesar de ello, hay que resaltar que la tolerancia al consumo difiere según la clases social; los consumidores de drogas de la burguesía y pequeña burguesía son tolerados completamente, artistas, políticos, empresarios, y si alguna vez se conoce su adicción, esto no afecta ni su capital ni su imagen pública por mucho tiempo. En contraste, la drogadicción en las clases populares suele ser la más atacada por la policía y la opinión pública, acusando generalmente a los adictos de ‘rateros’, o cualquier otro delito; aunque curiosamente, las drogas utilizadas mayoritariamente no están consignadas jurídicamente, como el ‘cemento’, el thinner o el alcohol, mostrando así la hipocresía de la prohibición que no está destinada a la reducción del consumo, sino a facilitar la dominación hacia la clase obrera.

Recapitulemos, el narcotráfico nació y creció de la mano del imperialismo, completamente subordinado a las relaciones sociales capitalistas. Las contradicciones internas del capitalismo y las características propias de las drogas (adictivas) generan una constante demanda y con ello colosales ganancias, lo que a su vez mantiene segura la oferta. Por lo tanto, debe entenderse al narcotráfico como una industria económica enfocada en una mercancía ilegal, la droga; en palabras de Luis Suárez, politólogo cubano, el narcotráfico es una actividad “agro-industrial-financiero y mercantil de la producción y comercialización de las drogas ilegales y su vinculación con otras actividades lícitas”.[2] De hecho, el narcotráfico, al igual que cualquier industria de lo ilegal, significa la radicalización de la lógica capitalista, el desarrollo de las relaciones mercantiles hasta sus últimas consecuencias: si el narcotraficante, como cualquier otro tipo de burgués, entra a la industria para obtener el máximo beneficio, las condiciones específicas de la economía de las drogas (altas ganancias e ilegalidad) provocan que el narcotraficante pueda desenvolverse por afuera de las reglas del Estado.

La empresa narcotraficante al estar fuera del orden jurídico, tiene dos grandes preocupaciones: como relacionarse con otras empresas de narcotraficantes y con el Estado. En cuanto a lo primero, hay una contradicción entre la relación de las empresas del narcotráfico, por un lado, como en cualquier industria, existe una competencia por el monopolio del mercado, el carácter de ilegalidad eleva a la violencia como mediadora entre los negocios; por otro lado, las empresas de narcotraficantes se alían entre sí (como auténticos monopolios), por lo que vemos históricamente un ir y venir entre guerras y alianzas de los carteles de las drogas. En cuanto a la relación del Estado, hay que dejar claro dos cosas: 1) La empresa narcotraficante tienen un objetivo primordialmente económico, y no pretenden ‘tomar el poder’ del Estado, pues es más rentable mantener una interrelación favorable con éste que tenerlo que administrar. 2) El Estado tiene como función principal ser el aparato represivo y controlador de la clase burguesa, para así coadyuvar a la reproducción del modo de producción, por lo tanto sólo combatirá al narcotráfico cuando este impida ese propósito, ya sea produciendo un estado caótico que amenace la reproducción de otras industrias capitalistas, o que ataque aquellos estratos de la burguesía, comúnmente relacionados con el gobierno; en cualquier otra situación, no cabe duda que la relación narcotráfico-Estado, es completamente estrecha.

La ausencia de un ordenamiento jurídico, así como la constante amenaza de la represión estatal, conduce a los narcotraficantes a usar la violencia como una forma de lucro. Esta violencia tiene como una de sus funciones, crear orden y aparatos semi-formales de derecho que garanticen una estabilidad entre narcotraficantes, quienes en condiciones naturales se encuentran en una encarnizada lucha, donde todo se vale. Como la violencia responde a la necesidad de racionalizar la industria, es común que entre empresas de tamaños semejantes, busquen al principio soluciones pacíficas, y hasta alianzas; aunque ante cualquier engaño, robo o ‘jugada chueca’ (o simplemente lucha por el monopolio), la violencia, condensada en aparatos de violencia privados, sea utilizada sin miramientos. La otra función importante de la violencia, es lograr la no intervención del Estado, al ejercer una constante amenaza sobre las autoridades para coaccionar sus acciones, o para aplicar el “veto por asesinato”, tan aterradoramente eficaz: “policía muerto no detiene, juez muerto no sentencia, ministro muerto no acusa”[3]. La violencia suele combinarse con la corrupción y la coaptación, al poner a las autoridades en la disyuntiva entre “plata o plomo”, buscando establecer nexos políticos y dominar espacios de poder, que les permita atenuar la represión estatal para sí o aumentarla en contra de la competencia.

Lo anterior son sólo algunos elementos analíticos que nos permiten entender realmente al narcotráfico cómo una rama más de la producción capitalista, ya en la segunda parte de este artículo abordaré la dinámica en la que se ha desenvuelto el narcotráfico en México, así como también las distintas alternativas que se han planteado a este problema.



[1] Ciro Krauthausen y Luis Fernando Sarmiento, Cocaína & Co. Un mercado ilegal por dentro.

[2] Luis Suárez, “Conflictos sociales y políticos generados por la droga”, p. 112.

[3] Krauthausen, op. cit., p. 17.