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El “chamaco” comunista

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Por Héctor


El Chamaco, le apodaban sus camaradas al joven comunista que a sus 18 años fue el responsable del trabajo clandestino más importante del Partido Comunista de México: dirigir la impresión de El Machete. Su nombre oficial era Ambrosio González, nacido un diciembre de 1912, en la ciudad de Toluca. Pero él no sólo ingresó a escasa edad a las filas del proletariado, sino que a diferencia de sus demás compañeros, también decidió ingresar desde adolescente a las filas de la organización de vanguardia de su clase, al Partido Comunista.

 

Hijo de un vendedor de carne, tuvo que comenzar a trabajar al salir de la escuela primaria, como la gran mayoría de los niños de su edad: fue albañil, obrero textil y linotipista, lo cual fue de enorme ayuda para el trabajo partidario en los años venideros. A los 12 años se tiene el primer registro de su ingreso a los pioneros comunistas, y dos años después se convirtió en miembro de la Federación de Jóvenes Comunistas de México (FJCM). Un año después fue escogido por el congreso de la FJCM para ser miembro del Comité Central de la Federación y comenzó su militancia en el Partido Comunista. Pocas cosas se saben sobre su vida y su militancia durante este periodo, pero se tiene registro que fue el Ambrosio González el instructor del CC de la FJCM para realizar el trabajo entre la juventud sindicalizada.


El Chamaco: director de El Machete bajo la clandestinidad

A partir de 1929 se desató una oleada anticomunista en México, dirigida directamente por el gobierno federal, que implicó el asesinato de militantes comunistas como José Guadalupe Rodríguez y Salvador Gómez, la detención de decenas de comunistas y sindicalistas, y la expulsión del país de otros tantos. Pronto el presidente de la República mandó a cerrar y después incendiar los locales de impresión del periódico del PCM, El Machete.

 

Pese a toda la persecución y represión el gobierno no consiguió descabezar al PCM, ni frenar sus actividades. Entre otras cosas, porque jamás pudo detener la edición y repartición de El Machete, que aún bajo la clandestinidad, lograba llevar la línea política del Partido Comunista a las fábricas y barrios obreros, y organizar a los militantes y células dispersas en todo el país.

 

El 8 de junio de 1929, El Machete sacó su número 168, y durante los cinco años y medio de clandestinidad, continúo apareciendo y distribuyéndose sin parar, sumando 145 números bajo la ilegalidad. La policía buscó inútilmente al director de la imprenta o los sitios donde se editaba.

 

Cuál habría sido la sorpresa de los servicios de inteligencia del Estado mexicano, si hubiesen sabido que el grupo responsable de la edición, redacción y administración de El Machete era dirigido por un joven de 18 años apodado el Chamaco por sus camaradas, quien no sólo pertenecía a la dirección de la FJCM sino que también era parte del Comité Central del Partido Comunista.

 

Junto a Ambrosio, el grupo editor estaba integrado por Juan González, “el berrinches”, que debido a sus destrezas en carpintería, ebanistería, dibujo y otros oficios, no sólo fue de gran ayuda para los trabajos de impresión, sino que también era encargado de arreglar (falsificar) pasaportes para miembros del PCM que realizaban tareas internacionales. María Vidal, fue parte del grupo y tenía una de las responsabilidades más importantes al ser la encargada de cuidar y vigilar las casas de seguridad donde se instalaba la imprenta, pues sobre ella recaía la responsabilidad de la libertad y hasta la vida de sus camaradas, así como de la continuidad del periódico. Juaritos (apodado así por ser originario de Ciudad Juárez) y María Cabrera fueron otros camaradas comisionados a reforzar la tipografía del partido; mientras que Rosendo Gómez Lorenzo, en ese entonces del Comité Central del Partido Comunista fungía como enlace entre el CC y el grupo editor de El Machete.

 

Con ese grupo Ambrosio González, fue recorriendo la ciudad e instalando la pequeña imprenta clandestina, bautizada como La Aurora, de un metro 20 de largo por 80 centímetros de ancho fabricada por obreros comunistas de Alemania.[1] Mientras que otros militantes, como Benita Galeana se paraban en las puertas de las fábricas y talleres para entregárselo a los obreros y aprovechar cada manifestación para repartirlo.[2]

 

La juventud comunista, la cantera de cuadros del Partido

Cuando Ambrosio González ingresó a las filas del partido en 1927, podría decirse que era tan sólo un niño, apenas tenía 15 años. Pero él, cómo la gran mayoría de los hijos de la clase obrera bajo el capitalismo, no tenía derecho a la niñez. Era ya un joven proletario con algunos años de experiencia cuando decidió ingresar a la Juventud Comunista. Esa experiencia ante la explotación capitalista, es la que lo forjó a él y a muchos otros de sus camaradas de la Juventud Comunista, para que asumieran con gran disciplina la enorme responsabilidad que significa combatir al capitalismo. Y así como la edad no fue impedimento para ingresar en el trabajo, tampoco significó diferencia para asumir responsabilidades partidarias, ni mucho menos para ser reconocido por sus compañeros obreros de San Bruno como su representante sindical. Porque no era Ambrosio González quien dirigía a los demás obreros por sus grandes dotes personales, sino porque asumía correctamente la responsabilidad de representar al Partido Comunista de México en el frente que le fue asignado, y cumplir correctamente con esas tareas.

 

Pero su militancia en tareas importantes para el Partido, no le impidieron en 1934 representar a la FJCM en la III Conferencia de los Partidos Comunistas de América del Sur y del Caribe, realizada en Moscú. Al año siguiente fue delegado de la FJCM al VI Congreso de la Internacional Juvenil Comunista y al VII Congreso de la Internacional Comunista, después de lo cual se quedó a estudiar en la Universidad Leninista Internacional también en Moscú, de 1925 a 1928, bajo el seudónimo de “José Treviño”

 

De lo que fue de su vida después de esto sabemos poco, tan sólo que fue el Secretario del PCM en la ciudad portuaria de Tampico y que en 1940 fue electo miembro del CC del partido en su I Congreso Nacional Extraordinario.

 

San Bruno: La clase obrera no se acobarda

En 1930, la Fábrica textil de San Bruno, en Jalapa, Veracruz, fue ganada con un paciente trabajo por los comunistas. La fábrica controlada por un sindicato de la CROM, que era un fiel instrumento de la patronal y del gobierno, sufrió un duro golpe cuando los obreros apoyados por los comunistas tomaron el control del sindicato y expulsaron a los líderes cromianos.

 

Se desencadenó una disputa que duró más de tres años, ya no sólo por el control del sindicato, sino por el ejemplo que eso representaba a la clase obrera de toda la región. Por un lado, la CROM aliada al gobierno del estado encabezado por Adalberto Tejada que se decía de “izquierda”, quería recuperar el control del sindicato, y así evitar que se esparciera la idea de un sindicalismo independiente y que realmente defendiera a la clase obrera. Por otro lado, el Partido Comunista de México y su local en Jalapa, organizaban la resistencia influenciando a gremios como los maestros o los panaderos.

 

Ante la expulsión de los traidores del sindicato, el gobierno respondió con un patrullaje militar por las calles de Jalapa, persiguiendo y deteniendo a obreros y militantes del Partido, algunos de ellos son enviados a las Islas Marías como detenidos. En 1931, es detenido por la policía el obrero y dirigente de la Federación Sindical Unitaria, Ernesto Pacheco, en su defensa se organizó una manifestación por el cese a la represión y la libertad de los detenidos, donde tuvieron una gran participación obreras textiles y esposas de los obreros de la fábrica de San Bruno, que se habían agrupado en el Centro Femenil “Rosa Luxemburgo” para actuar organizadas.

 

La marcha fue atacada y baleada por la policía, haciendo correr la sangre proletaria por las valles de Jalapa. El Machete denunciaba esas acciones "Este es el resultado del criminal ataque de la policía a la manifestación realizada por la Juventud Comunista el día 18: Enrique Vázquez, obrero textil, muerto de dos balazos, uno en la frente y otro en el corazón; Julio Zaragoza, muerto de un balazo en el estómago; Alfonso Mata, ferrocarrilero huelguista, herido con bala de máuser en el antebrazo izquierdo: Eusebio Pérez, textil, con las dos piernas atravesadas por un balazo. Su estado es de gravedad; Cleofas Mendoza, textil herido en el antebrazo derecho y en la pierna izquierda; Emilia Hernández, del Centro Femenil "Rosa Luxemburgo", herida en el brazo izquierdo; Aurelio Rodríguez, colono, gravemente herido en el pulmón izquierdo..."

 

En junio de ese año, el Sindicato Revolucionario de San Bruno, recibió un ultimátum del gobernador “democrático e izquierdista” Tejada, que si no aceptaban a los expulsados cromianos se tomarían medidas enérgicas; el sindicato sin acobardarse se mantuvo en su posición. El gobierno entonces montó toda una emboscada, cubriendo caminos y veredas que llevaban a la fábrica con agentes armados y campesinos que habían llevado acarreados. Los trabajadores no cayeron en la trampa, y durante la tarde las mujeres del Centro Femenil “Rosa Luxemburgo” explicaron pacientemente a los agraristas embaucados las razones de la lucha obrera, logrando que estos se retiraran del lugar.

 

Ante cada intento de la empresa de empeorar las condiciones de sus trabajadores, estos respondían con una huelga disciplinada y bien organizada, lo cual significaba duros golpes hacia los directivos y los intentos de la CROM por recuperar el sindicato. En respuesta a una huelga triunfante. El 19 de agosto, al final del turno, el jefe de la Guarnición de Jalapa con una escolta militar armada llegó a las puertas de la fábrica y les leyó a los trabajadores un oficio donde les decía que el Comité de Fábrica liderado por los comunistas había sido depuesto y se imponía un nuevo comité controlado por la CROM. Los textileros de San Bruno, lejos de acobardarse se negaron a obedecer la imposición. Al día siguiente intentaron otra maniobra, los militares llegaron a la fábrica a recolectar firmas en apoyo al dirigente de la CROM, y al término del día no lograron obtener más de 5 firmas.

 

Por más armados que llegaban los soldados, los obreros no se amedrentaban y resistían, defendiendo a su sindicato y a los representantes que ellos mismos habían elegido. Los obreros resistieron la represión y los intentos de la empresa de provocarlos, de manera firme. Sabían que únicamente con un sindicato revolucionario, podrían conservar condiciones dignas de vida y de trabajo.

 

Ante la imposibilidad de conseguir que los obreros le dieran la espalda a sus dirigentes sindicales, miembros del Partido Comunista, el gobierno decidió descabezar al movimiento, al siguiente día fue detenido Ambrosio González que para sus 20 años era ya el Presidente del Comité de Fábrica del Sindicato Revolucionario de San Bruno. Luego de ello se vino la brutal represión, el 25 de agosto fueron asaltadas las instalaciones del Sindicato, fueron expulsado 80 trabajadores, todos ellos simpatizantes de la CSUM; la fábrica fue asaltada militarmente junto a otra fábrica textil, “La Propiedad”, donde los obreros también eran organizados por comunistas.

 

El Chamaco, quien también había participado en las huelgas agrícolas de Nueva Italia y Lombardía, volvía a ser detenido por la peor afrenta que existe en el capitalismo: defender a su clase; organizar y dirigir al proletariado contra la explotación.


[1] Javier Gámez Chavez. “La política cultural de los comunistas mexicanos_ una mirada a través de El Machete”

[2] Daniela Spenser, Benita Galeana.