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Fútbol para inteligentes

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Por Marco Vinicio Dávila Juárez


A mi querido camarada Rafael Garrido,

porque en la adolescencia

juntos comenzamos a estudiar a Marx…

y él no dejó de jugar fútbol.


Existe entre la pequeña burguesía semiculta la creencia de que ver la televisión es para gente tonta, y peor si lo que ven ahí es fútbol.

 

Esa pretensión de intelectuales pequeñoburgueses que están por encima de las masas “iletradas” a las que con menosprecio creen que hay que dirigir porque ellas no saben y no pueden luchar por su liberación, ya que el trabajo asalariado les impide estudiar y hacer conciencia de su condición de explotados, descalificando a priori el gusto popular por el futbol; considerando tonta a la afición, descerebrados a los deportistas y salvaje el deporte. Presumiendo de haber “superado” esa fase de primitivos cavernícolas porque se desenvuelven en su mundito de best sellers y alguna que otra obra de teatro, mientras leen La Jornada o ven a Arístegui.

 

La afición, es tonta, cavernícola

En los tiempos que corren, muchas veces se tiende a confundir el deporte con el negocio, y es que dentro del negocio, en la era de los monopolios, se da una manipulación feroz de las masas, ejercida por los monopolios a través de toda la publicidad con la que nos bombardean.

 

Esta práctica de mercantilizar no sólo el deporte, sino todo lo que alrededor del mismo gira, comenzó desde mediados de los años 70´s en Europa, extendiéndose rápidamente por el mundo, cuando comienza la guerra por conquistar nuevos mercados entre los gigantes de la fabricación de artículos deportivos, bebidas embriagantes, marcas automotrices y en general todo aquello que pueda ser vendido, usandolos deportes de masas, como el fútbol, para promocionarlo, a veces de manera sutil, otras de manera muy agresiva, pero siempre con unmillonario apoyo científico y la más sofisticada tecnología con la que se manipula a los aficionados.

 

Así el deporte, pero particularmente el futbol, que es un deporte muy popular en casi todo el mundo, se convierte no sólo en un negocio, sino también en un mecanismo de control de masas, es decir, que para la dictadura de los monopolios y la defensa de sus intereses lo que importa no sólo es el lucro sino también el control y dominio que así obtienen.

 

 

De manera que no son los aficionados al futbol, o en general los aficionados a cualquier actividad deportiva o recreativa de masas, los responsables de la manipulación a la que son sometidos, sino que son víctimas de los mecanismos de control ideológico de la clase dominante, menospreciar estos mecanismos responsabilizando a las víctimas de no hacer nada para liberarse a sí mismos es propio de la pequeña burguesía o de posiciones anarquistas, que desprecian a las masas trabajadoras justamente por su falta de conciencia, ignorando que la actividad consciente de las masas, no se dará de manera espontánea, ya que la conciencia de la clase es introducida por el partido comunista.


Estos desplantes algunas veces también son enarbolados por camaradas que con esa posición se ponen del lado de la pequeña burguesía o del anarquismo, pues no han comprendido el papel del partido. Si ignoramos esto, estaremos perdiendo la oportunidad de acercarnos a tantos y tantos trabajadores que tienen en el fútbol un solaz reparador de la dura jornada laboral.

 

Recuerdo la historia de aquel hombre viejo que durante la dictadura en Uruguay quedó solo en la fábrica donde todos los comunistas habían sido víctimas del régimen, desapareciendo casi por completo la presencia del partido, este viejo era también un viejo militante del partido comunista, y todos los días a la hora de la comida, ponía su destartalado radio en la estación deportiva donde comentaban los logros de los equipos locales en la liga uruguaya, alrededor de él se sentaban a escuchar muchos jóvenes trabajadores que entraron a sustituir a los comunistas despedidos, al cabo de un tiempo, el partido comunista estaba reconstruido y todo era obra del viejo comunista y su radio en el que escuchaba el fútbol.

 

También recuerdo las narraciones farianas donde se cuenta que casi toda la guerrillerada además de practicar el fútbol, es seguidora de algún equipo local, sin ningún demerito para sus aspiraciones revolucionarias.

 

Que a algunos comunistas nos guste el fútbol, o cualquier otro deporte y, nos atraiga ver los partidos de nuestro equipo favorito, aunque por ahora éste sea propiedad de un monopolio, no es un acto contrarrevolucionario, mientras la prioridad sigan siendo nuestras tareas partidarias y cumplamos éstas a cabalidad.

 

Por eso hago este pequeño aporte, que intenta clarificar lo arriba mencionado.

 

Los jugadores, todos son unos descerebrados

Por otro lado, se tiende a generalizar la idea de que los deportistas, es decir, los jugadores del fútbol profesional son personas que no tienen filiación política, que no piensan ni actúan fuera de la cancha; que sólo les interesa el dinero que pueden ganar y jugar sin importar nada más.

 

Es verdad que en el negocio del fútbol esto ocurre, y son la mayoría los que practican el deporte sólo por las ganancias económicas que pueden recibir. Pero tal perversión del deporte no es responsabilidad de los deportistas, sino de quienes se hacen ricos con este negocio y que pagan mucho dinero a sus periodistas, cronistas deportivos, etc., para que hagan prevalecer esa idea como el statu quo del fútbol pero, hay que decirlo, no todos los comentaristas o periodistas deportivos hacen esa labor ideológica.

 

Quizá uno de los casos más emblemáticos en este sentido sea el del periodista y director técnico de la selección brasileña Joao Saldanha, que fue militante de toda su vida del Partido Comunista Brasileño, incluso en la clandestinidad, miembro de su Comité Central, candidato a vice alcalde de Río en el 85. Podría pensarse que dentro del deporte fue uno más, pero no es así, también fue un revolucionario del fútbol, él fue el arquitecto de la selección que conquistó el campeonato en México 70 y le devolvió al futbol brasileño la magia que lo caracteriza hasta hoy. Otro entrenador con militancia comunista confesa, fue César Luis Menotti,con todo y lo controvertida que fue su relación con la dictadura mientras llevó al campeonato mundial a la selección de Argentina, al amparo de su puesto como seleccionador nacionalorganizaba reuniones clandestinas en su casa para hablar de lucha armada y transportar armas mientras resguardaba perseguidos políticos.

 

Pero también ha habido futbolistas que, siendo excelentes jugadores, han sido también militantes de la causa del socialismo-comunismo, o que fuera de la cancha han tenido una trayectoria sobresaliente en el campo revolucionario. Carlos Caszely, excelente jugador del ColoColo y goleador de la selección chilena, militante del Partido Comunista, muy cercano a Salvador Allende y enemigo frontal de Pinochet a quien se negó a darle la mano para saludarlo antes de partir al mundial de Alemania 74.

 

Otro caso es el de Sócrates, jugador del Corintians y capitán del seleccionado brasileño en España 82 y en México 86, socialista, que cuando jugó en Italia, él siempre dijo que en realidad había ido allá sólo para poder leer a Gramsci en su idioma original, promotor, en plena dictadura, de la democracia en el deporte como una forma de promover la democracia para el pueblo brasileño.

 

En Italia, Christiano Lucarelli de origen obrero y con una tradición familiar en las filas del Partido Comunista Italiano, nunca ha negado su militancia comunista, goleador con el Livorno, seleccionado nacional, escritor y simpatizante de la causa del proletariado. Paul Breitner, jugador del Bayer Munich y pieza fundamental de la selección de su país en el mundial del 74, militante comunista que renunció a la selección nacional para el campeonato del 78 en Argentina, en protesta contra la dictadura de Videla; o Ronnie Hellström, también de la selección de Alemania Federal y jugador del Kaiserslautern,que en vez de participar en la inauguración del mundial prefirió ir a solidarizarse con las protestas de las madres de Plaza de Mayo.

 

Y así podemos hacer un recuento de tantos y tantos jugadores que a lo largo de la historia del fútbol, de una u otra manera, han mostrado un compromiso político y social con las causas de sus pueblos y los trabajadores.

 

VolkerIppig, jugador alemán que abandonó el deporte para ir a hacer trabajo voluntario a Nicaragua durante los años de la revolución sandinista. MustaphaZitouni, argelino y seleccionado francés que renunció a jugar con Francia para jugar con la selección del Frente de Liberación Nacional, en partidos amistosos a través de los cuales denunciaba al gobierno galo y recababa solidaridad para la lucha por la independencia de Argelia.MatthiasSindelar, seleccionado de Austria y AsbjørnHalvorsen, de Noruega, ambos antifascistas enfrentaron dentro del deporte a los nazis, lo que le costó al segundo ser deportado a un campo de concentración.

 

La lista sería demasiado larga y rebasa los límites de este trabajo, pero futbolistas los hubo, y seguramente los hay, que no sólo han sido buenos deportistas, sino también grandes trabajadores por la construcción del socialismo, es el caso de Lev Yashin, nombre que ha estado rodeando mi cabeza desde que me propuse escribir este modesto aporte, porque para mí, él encarnó al deportista del futuro.

 

Portero del Dinamo de Moscú y de la selección de la Unión Soviética, en 1956 fue campeón olímpico. Jugo enSuecia58, siendo ya titular del equipo nacional de la Unión Soviética. En 1960 se proclamó campeón de Europa de selecciones nacionales y en 1964 fue subcampeón, al perder la final con España.

 

Participó también en Chile 62y en Inglaterra 6, fue galardonado con el Balón de Oro en 1963, siendo el único guardameta europeo que ha conseguido ese premio. Defendió tres veces la portería de la selección de la FIFA y se retiró del fútbol en 1971, a los 41 años de edad.Jugó 326 partidos con el Dinamo de Moscú y 78 con la selección nacional soviética, en los que detuvo cien penaltis, su gran especialidad. Pero si como jugador obtuvo todos esos méritos, como ciudadano soviético no fue menos, alcanzó el grado de Coronel en el ejército rojo y fue condecorado con la Orden Bandera Roja y la Orden Lenin. Fue nombrado miembro del Comité de Estado del Deporte de la URSS y obtuvo el diploma de la escuela superior del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). Como todos los anteriores jugadores mencionados aquí, de Lev Yashin, también se ha escrito mucho por detractores y anticomunistas, lo cierto es que la Araña Negra, como le apodaban, es considerado uno de los más grandes jugadores de futbol en el mundo en la historia de ese deporte.

 

El fútbol en la URSS, un poco de historia

Lo que se puede encontrar en la web sobre el fútbol en la URSS hay que leerlo entre líneas, pues si es difícil que en el deporte de paga haya cronistas o periodistas honestos, es más difícil que haya periodistas que no traten de denostar la construcción socialista en la URSS o a la personalidad de Stalin, no pudiendo hacer lo mismo con el sistema socialista de formación deportiva buscan atacar las bases materiales sobre las que se construyó éste.

 

Aunque el primer partido de la liga de fútbol de la URSS se jugó en 1936, un 22 de mayo entre el Dynamo Leningrado y el F. K. Lokomotiv Moscú. La tradición del fútbol en la tierra de Lenin se remonta hasta antes del triunfo de la Revolución, después de ésta el primer equipo reconocido, el CSKA Moscú, tiene su origen en 1911, cuando con el triunfo de la Revolución el poder soviético realizó cambios drásticos en el deporte donde todos los clubes de fútbol profesional pertenecientes a la burguesía fueron cerrados o desmantelados y sobre la plantilla de éstos se crearon los equipos que después integrarían la liga soviética, pero fueron transferidos a sindicatos o a instituciones gubernamentales.

 

Lo anterior, permitió que los equipos recién formados continuaran contando con el apoyo de su afición. Equipos famosos con los nombres de los sectores a los que pertenecían, los Lokomotov, a los trabajadores del sindicato del ferrocarril, los Dynamo, con los cuerpos de segiuridad del Estado, los CSKA al ejército que los veíacomo parte del programa de acondicionamiento físico del Ejército Rojo, el Spartak de Moscú, del sindicato de los trabajadores de la alimentación, los Torpedo, del sindicato de los trabajadores de la industria automotriz, con representaciones en las diferentes repúblicas socialistas soviéticas.

 

Comenzó la liga soviética con 4 equipos, luego fueron 8, 15 y llegó a tener hasta 19 equipos, de entre los cuales se seleccionaba al equipo representativo de la URSS, participando en los torneos europeos, olímpicos y en las copas del mundo. Obteniendo triunfos y derrotas, no llegó a ser nunca una potencia en este deporte, pero tuvo en cambio actos de solidaridad deportiva que quedan enmarcados en lo que llamamos internacionalismo proletario.

 

Como ocurrió en el año 73, cuando en las eliminatorias para el mundial de Alemania 74, debían jugar el partido de vuelta las selecciones de Chile y de la URSS, en el Estadio Nacional, que era la prisión emblemática de la dictadura de Pinochet, razón por la cual el gobierno soviético expresó en un carta a la FIFA: “por consideraciones morales, los deportistas soviéticos no pueden en este momento jugar en el estadio de Santiago, salpicado con la sangre de los patriotas chilenos (...) La Unión Soviética hace una resuelta protesta y declara que en las actuales condiciones, cuando la FIFA obrando contra los dictados del sentido común, permite que los reaccionarios chilenos le lleven de la mano, tiene que negarse a participar en el partido de eliminación en suelo chileno y responsabiliza por el hecho a la administración de la FIFA”.

 

La selección de la URSS no viajó a Chile y no se presentó al partido y, en lo que puede considerarse uno de los episodios más ridículos del futbol mundial, ante un contrincante inexistente, la selección chilena anotó el gol con el que clasificaría al mundial del 74. La selección soviética solidaria con los patriotas chilenos, renunció a asistir a ese mundial.