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Sobre el auditorio Che Guevara de la UNAM

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Por núcleo Camilo Cienfuegos

En días recientes el tema del auditorio Che Guevara ha estado en boca de todos. Se ha discutido mucho y se han polarizado las opiniones. Pero pocos se han detenido a analizar este problema fuera de la particular coyuntura mediática que se está gestando alrededor del asunto. Para entender qué está pasando debemos proceder de otra manera.


En primer lugar es necesario revisar el contexto mexicano: la crisis política en México conduce a los gobernantes a percatarse de que ya no pueden gobernar como antes. De esta manera se agota la ilusión de la “libertad democrática” y la dictadura burguesa comienza a revelar, cada vez más descaradamente, sus características autoritarias. Prueba de ello son la reciente aprobación de la reforma constitucional al artículo 29 y la Ley Atenco en el Estado de México, que legalizan la represión extrema contra los movimientos sociales y permite la violación de derechos humanos sin tener que rendir cuentas a nadie.

 

Estas medidas son tomadas a sabiendas de la agudización de los conflictos sociales que la crisis global del capitalismo está desatando en todo el mundo. En México hemos venido resintiendo la crisis global a través de las reformas en materia de salud, trabajo y seguridad social que han reducido, dañado o acabado con derechos sociales y laborales, contribuyendo a precarizar aún más la vida de los trabajadores mexicanos. Eso explica el incremento en el número y en la calidad de los movimientos, protestas, huelgas o revueltas que se han desatado a lo largo y ancho del país. Las medidas contra el pueblo mexicano no acaban más que de empezar y a sabiendas de que el futuro no es halagüeño, y que los conflictos sociales no solo aumentarán, sino que se intensificarán, el gobierno se anticipa a lo que pueda suceder.

 

 

La UNAM también ha resentido los golpes de la crisis a través del recorte a las becas, (por cantidad o restricciones); las cuotas en posgrado; los salarios míseros ofrecidos a la mayoría de la planta magisterial; el congelamiento de plazas fijas y bien pagadas; el uso del examen de admisión para hacer negocio; son solo algunos ejemplos de la serie de fenómenos que ya están comenzando a afectar directa o indirectamente a los estudiantes. Se trata de las consecuencias de un recorte sistemático de los recursos de la UNAM, que además justifica maniobras administrativas que ponen a la Universidad a merced de los intereses de los capitales privados. Esta situación que solo empeorará apunta a futuras movilizaciones estudiantiles. Ello explica el interés del nuevo rector en la política de seguridad, y el aumento a la cantidad de patrullas y cámaras de vigilancia justificadas por el sempiterno problema de la inseguridad.

 

Además, la UNAM, uno de los bastiones históricos del movimiento contestatario en el país, no puede pasar desapercibida para los planes de contención que se están desarrollando a nivel nacional. Es de esperarse que futuras confrontaciones populares encuentren respaldo, aunque desigual, entre los sectores del estudiantado universitario. En el periodo de lucha abierto por Ayotzinapa se hizo patente que la movilización estudiantil puede ser muy fuerte, y tener un gran alcance mediático. Pero los meses posteriores también revelaron su debilidad estructural; respecto a su incapacidad de llevar acabo acciones bien coordinadas y contundentes o generar estructuras organizativas permanentes capaces de sostener el movimiento y acumular experiencias. Es por ello que al sector estudiantil le es muy fácil caer en periodos de apatía donde se expresa cansado de la dinámica asamblearia sin objetivos precisos y con multitud de pequeños grupos de activistas ajenos al estudiantado. Esta actitud se intensifica aún cuando el panorama que se cierne, como hemos dicho, parece apuntar a un golpe directo hacía los estudiantes. Solo pensemos en que los trabajadores del IMSS, ISSTE, la CFE, el SME o Pemex parecieron intocables alguna vez. ¿Cuánto falta para que ataquen directamente a la UNAM?

 

En este aspecto sería necesario recordar que paralelamente a la cruenta represión de las combativas organizaciones estudiantiles como FECSM en Guerrero y otros estados, el sector estudiantil movilizado en el Valle de México ha sufrido un golpeteo constante buscando desactivarlo y atemorizarlo con represión y detenciones arbitrarias (p. ej. Sandino Bucio, Fernando Sotelo, etc). En las escuelas de nivel medio superior del DF y Edomex han resurgido grupos porriles que han sido lanzados contra los estudiantes movilizados. Los brutales ataques contra regeneración radio, cch Naucalpan, o las maniobras de las autoridades universitarias contra algunos cubículos estudiantiles en la Facultad de Ciencia Políticas de la UNAM, muestran cómo la ofensiva es en todos los niveles contra el estudiantado en general pero contra el movilizado en particular.

 

Es así que el embate contra el Okupa Ché, se inserta en esta ofensiva. El objetivo específico de rectoría al atacar sistemáticamente al Ché desde hace unos años es aglutinar a ciertos sectores estudiantiles contrarios a la actual gestión del “auditorio Justo Sierra” entorno a grupos de derecha que se están reorganizando bajo la fachada de un actuar “apolítico” y “neutral”. Además, existen algunos alumnos que en su desconocimiento no discriminan entre el estigmatizado Okupa Ché y la organización estudiantil, de lo que concluyen, extendiendo el discurso difamador de rectoría, que la organización política es algo dañino a la Universidad y que por tanto es siempre indeseable.

 

Hasta el momento, Graue ha logrado generar un consenso casi total en cuanto a la “ilegitimidad” de la ocupación del Auditorio, recurriendo a todo tipo de maniobras: las reuniones de este rector con senadores de PRI, PAN y PRD en el senado; el desplegado del STUNAM en La Jornada condenando su ocupación y pidiendo el espacio; y las declaraciones del consejo universitario en el sentido de declarar como una ocupación ilegítima la del Okupa Ché. Paralelamente, el discurso de Graue y Astudillo ha abierto la posibilidad de la entrada de fuerzas policiacas.

 

El mitin convocado por estudiantes de derecho, ligados presuntamente al priismo, el viernes 1 de abril, en contra del Okupa Ché y pidiendo la devolución del auditorio a las autoridades, demuestra un intento de articular a la derecha universitaria. También permitió medir el grado de organización de estos grupos [Orgullo UNAM y Actitud Universitaria] así como el apoyo/rechazo a sus posturas por parte del estudiantado en general. Afortunadamente, el fracaso del mitin convocado por estos grupos anuncian que las acciones que decida tomar rectoría no podrán ser tan arbitrarias como hubieran deseado.

 

Así pues, en un contexto de descenso de las movilizaciones estudiantiles, ausencia de un movimiento estudiantil propiamente dicho y ofensiva general contra la educación pública y los grupos que la defienden, el ataque al Okupa Ché sólo anuncia futuras maniobras políticas contra la organización estudiantil.


Cabe mencionar que en la FJC no coincidimos con la manera en que está siendo gestionado actualmente el auditorio Che Guevara pues no ha funcionado como un referente político. Pues las actividades que se han dado en este espacio, como tocadas, eventos político-culturales, talleres de artesanías, etc. no están ligadas a las problemáticas estudiantiles ni contribuyen a su organización. Además la inmadurez de este pequeño sector organizado, que se refleja en la incapacidad discusiones políticas serias sobre la vigencia y utilidad del espacio, solo ha contribuido a alejar a los estudiantes del auditorio. se refleja en la incapacidad de levantar

 

Por otra parte en la FJC consideramos que la gestión tripartita estudiantes-académicos-trabajadores propuesta por algunas organizaciones no tiene fundamento: hay un escaso interés de los académicos de estas cuestiones y la organización de los trabajadores está prácticamente cooptada por el STUNAM (de quienes ya vimos su postura al respecto). Aunque no negamos una labor en el sentido de organizar a los trabajadores, sólo aglutinando al estudiantado en torno a una organización permanente y con demandas bien claras, se pueden recuperar espacios como este para la discusión política.

 

Así pues, es necesario que los universitarios busquen una organización permanente que luche en alianza con los estudiantes técnicos y el magisterio; y enfrentar de este modo las reformas estructurales y en particular aquellas que van contra el sector educativo. Solamente creando instancias de organización permanente con reivindicaciones sectoriales y políticas generales, el estudiantado puede frenar la desmovilización en su sector y enfrentar las agresiones en su contra. ¡Por una organización permanente de los estudiantes! ¡por una lucha conjunta de universitarios, estudiantes técnicos y maestros, contra la privatización de la educación!