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María de la Luz Ardizana, vanguardia de su clase y su género

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Por Héctor


Ser mujer y participar políticamente en 1930 en México, era algo mucho más difícil de lo que es ahora. En esos años aún no se había conquistado el sufragio femenino, y el machismo se encontraba más incrustado y generalizado en la sociedad. La posición que se le asignaba a la mujer era de “ama de casa”, de sirvienta sin pago (sólo el 4% de los trabajadores en el país eran mujeres). Aún en el México posrevolucionario que conoció a “las Adelitas”, la participación de la mujer en la política no era bien visto. Mucho más difícil era entonces que una mujer joven y obrera hiciera política.


En ese contexto de machismo y prejuicios, María de la Luz Ardizana tenía todo en su contra para participar en la política, era mujer, era joven y era proletaria. Luchando contra el capitalismo y sus consecuencias ideológicas, como el machismo. María, mecanógrafa de oficio, decidió ser comunista e ingresar a la Federación de Jóvenes Comunistas. A diferencia de otras compañeras que se integraron al Partido o a la Federación por la militancia de sus esposos (que en algunos casos aún permeaban los prejuicios machistas en sus relaciones), María de la Luz no tuvo ese camino, y es probable que su propio trabajo y los choques contra el capital la llevaron a tomar la decisión de ser comunista.

 

 

 

No se dispone mucha información sobre su infancia, pero sabemos que nació en 1911 en plena Revolución en la Ciudad de México, y que ingresó antes de los 16 años a la FJC. Rápidamente esa pequeña camarada se convirtió en una de las grandes dirigentes de la FJC, siendo parte de su Buró Político a partir de 1927.

 

Pese a su corta edad, Ardizana pronto se forjó como una bolchevique dentro de la organización, destacando en empeño y valentía. Ella, junto a otros camaradas, formó parte del Comité “Manos fuera de Nicaragua” o como se le conocía Comité MAFUENIC. Esta organización era el principal punto de apoyo internacional y logístico del ejército de Cesar Augusto Sandino, que combatía a las tropas norteamericanas en Nicaragua; y donde participaron comunistas de la talla de Gustavo Machado y Julio Antonio Mella.

 

María de la Luz no es muy conocida en la historiografía comunista de nuestro país, como si lo fue Frida Kalho, lo cual no resta que haya sido uno de los cuadros más importantes de la organización. Es por ello que en 1929, a sus escasos 18 años, participó junto a camaradas como Valentín Campa, Jorge Fernández Anaya y Elías Barrios, en la Conferencia de abril del PCM, meses antes de que el partido fuera metido en la ilegalidad. Su militancia le costó que fuera detenida el 19 de diciembre de 1929 por la policía en el Club Juvenil Obrero, en una de las tantas represiones que sufrieron los comunistas en el país.

 

Más allá de estos pocos detalles de su vida, por ejemplo que fue la amiga más íntima de la fotógrafa y comunista Tina Modotti, o que años después fue administradora del periódico del PCM La Voz de México, no sabemos nada más. Sin embargo, de esa poca información, podemos hacernos una idea de su calidad como militante comunista y de su compromiso bolchevique. Así María de la Luz Aridzana se convirtió en un ejemplo de vanguardia para su clase y su género, al combatir con todo su empeño al capitalismo y a todos sus engendros ideológicos como el machismo, en un periodo donde tenía todo en su contra.