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Becarios, una forma más de manipulación y explotación juvenil

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Por Laura Quintero


Uno de los grandes problemas que enfrentan quienes han terminado una carrera universitaria, es el de conseguir un empleo.


Las empresas que operan en el país, y en el mundo, han encontrado una herramienta “legal” para obtener mano de obra barata, o en el mejor de los casos (para ellos), gratuita. Estas herramientas son el servicio social y las prácticas profesionales, o simple y sencillamente ofertan el puesto de “becario”.


Un becario, por lo general, es un estudiante que se encuentra en los últimos semestres de su carrera o está recién egresado, por lo que la contratación se realiza por horas, sin ningún derecho y sin ninguna prestación.

 

 


Uno de los factores que impulsa que más de 2 millones de compañías ofrezcan este tipo de vacantes es generar “ahorros” en la nómina. Mientras que quienes se emplean de esta manera están dispuestos a regalar su trabajo, con la “ilusión” de conseguir un empleo o adquirir la experiencia que otras empresas les piden a cambio de un sueldo.


La precariedad y la vulneración de derechos salariales y laborales que se ejerce contra los becarios, es simple y sencillamente inaceptable. La figura laboral del becario está siendo utilizada de manera perversa por muchas empresas, con el fin exclusivo de recibir beneficios en su cuenta de resultados, mientras que a quienes se ocupan como becarios, se les paga una miseria o simplemente no se les paga, y en la mayoría de los casos tampoco se les contratará.


Sólo la mitad de las empresas que solicita becarios en México ofrece apoyo económico. El promedio de la bonificación que reciben los estudiantes, o recién egresados, es de 2,000 a 3,000 pesos mensuales, cubriendo en muchas ocasiones tiempo completo o más, con la falsa ilusión de ser contratado por la empresa. La figura del becario parece representar para los patrones; úsese y tírese.


Los becarios se han vuelto en una modalidad más de la explotación que ejerce el sistema capitalista para maximizar sus ganancias, a costa de negar completamente los derechos laborales que miles de jóvenes universitarios o recién egresados, de nivel superior, buscan a la hora de egresar.


La mayoría de las ocasiones, los recién egresados de carreras universitarias son vistos como una fuerza de trabajo barata que tiene que “aprender”, antes de poder recibir un salario digno. Padecen el problema de tener que pasar mucho tiempo como becarios o practicantes, con un sueldo muy bajo, o incluso sin él, antes de poder colocarse formalmente en el mercado laboral, el problema es que muchos de ellos ni siquiera logran colocarse.


La mayoría de las empresas promueven la figura del becario, y prometen que hay posibilidades de contratación, aunque la realidad es que nunca habrá tal, porque ven ellos personas desechables que están dispuestas a realizar esas tareas sin exigir sueldo ni garantía alguna.


A poco tiempo de haberse aprobado la reforma laboral, ha habido un fuerte repunte de solicitudes por parte de las empresas de este tipo de perfiles, aunque piden un perfil muy alto, el sueldo sigue siendo miserable.


La figura de becarios existe tanto en el sector público como en el sector privado. De acuerdo con la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), las prácticas profesionales y el servicio social permite a los estudiantes obtener experiencia y desarrollar las competencias que el mercado laboral demanda, pero no dice que este tipo de prácticas viola los derechos de cualquier trabajador.


La situación que enfrentan los jóvenes es cada día más difícil, el desarrollo del capitalismo y las crisis que él mismo genera inducen la implementación de este tipo de prácticas, que sólo son un reflejo más de las contradicciones de este sistema económico. Es iluso pensar que la situación que vivimos actualmente va a mejorar algún día de manera mágica o mecánica, es responsabilidad de nosotros asumir nuestra tarea y acabar con este sistema de opresión y miseria. Empezando a organizarnos por conquistar nuestros derechos laborales, porque el servicio social y las prácticas profesionales, sin importar el nivel de estudios, sean pagadas, y ensayando las luchas que nos permitan acabar con este sistema que se mantiene a base de la explotación.