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Los medios de producción en el capitalismo y la posición de la clase obrera (Segunda parte)

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Por José Guadalupe Rodríguez


1. Su papel contrarrevolucionario en el imperialismo


Pero los medios de comunicación masivos no sólo reproducen la ideología dominante de manera natural, sino que también han sido utilizados con fines políticos muy específicos, de manera concienzuda y cada vez más científica: para apoyar ideológicamente la contrarrevolución.

 

Si bien en el feudalismo la iglesia católica fungió como el instrumento ideológico (y muchas veces material) contrarrevolucionario por excelencia; en el capitalismo en su fase imperialista los monopolios disponen de todo un arsenal de mecanismos ideológicos para la contrarrevolución. Desde la misma iglesia (ya no sólo la católica, sino la protestante, la islámica, las nuevas sectas) y la escuela, pasando por el arte y el deporte, hasta llegar a sus mecanismos más eficientes y masivos que son los medios de comunicación: la televisión, la radio y la prensa.

 


Ya desde mediados del siglo XIX existía una campaña en la prensa burguesa contra el movimiento obrero y la I internacional, acusándolo de todos los males posibles. Se puede hablar mucho sobre el papel contrarrevolucionario de los medios de comunicación en primeros momentos del imperialismo, o el gran ejemplo del cine durante el fascismo alemán. Pero los ejemplos más grandiosos de ese papel contrarrevolucionario más grandiosos como planes científicos para generar una ideología e influir en las masas podemos encontrarlo en la televisión y el cine norteamericano. Es el caso de las películas de guerra que justifican el papel imperialista de los estados unidos o las series de televisión norteamericana que reproducen el “estilo de vida americano”. El caso particular más emblemático podría ser aquel de 1969 cuando Neil Amstrong descendía de su nave espacial sobre la luna, lo cual era transmitido por televisión representando el “triunfo” del sistema capitalismo sobre el socialismo en la carrera espacial; logrando perpetuar a una mentira en la mente de millones de personas.[1] No importaba que hubiera sido el pueblo soviético y la URSS los primeros que enviaron un hombre al espacio, pusieron un satélite artificial en órbita o realizaron la primera caminata espacial.

 

Podemos hacer una lista de la reciente utilización de los medios comunicación, principalmente la televisión, como armas de la contrarrevolución:

 

-> 25 de diciembre de 1989: Luego de ser detenidos Nicolae Ceaucescu y su esposa Elena, presidentes de la República Socialista de Rumania, por golpistas contrarrevolucionarios, se lleva a cabo un juicio sumarísimo por un grupo de militares autonombrado “tribunal” y son condenados a muerte. El “juicio” y la ejecución fue televisada en cadena nacional, para neutralizar ideológicamente a las fuerzas aún leales al régimen socialista en Rumania.[2] Fragmentos del juicio y la ejecución: https://www.youtube.com/watch?v=VdzhcQTVf3Y.


-> En 1990 la hija del embajador de Kuwait en los Estados Unidos se hizo pasar frente a las camaradas y el congreso norteamericano como una enfermera kuwaití que denunciaba como los soldados iraquíes del régimen de Sadam Hussein asesinaron 312 bebes en incubadoras, como elemento ideológico para conseguir el apoyo popular a la primera guerra del Golfo.

(https://www.youtube.com/watch?v=R1MjPCF8idU)

 

-> En 2002 el golpe de Estado derechista al gobierno de Hugo Chávez, en uno de sus primeros actos desconoce todos los poderes ante la televisión (https://www.youtube.com/watch?v=yjrn9L5sJ20)

 

-> Actualmente se puso de moda realizar videos de “auxilio” para apoyar “revoluciones”, como el que esta joven ucraniana realiza tras las banderas de la Ucrania fascista y la unión soviética. https://www.youtube.com/watch?v=GypPhNyVtBY

Y su copia venezolana: https://www.youtube.com/watch?v=IJygwMU0rfo

 

Es claro que estos mensajes no son la causa de los sucesos; su importancia reside en su utilización científica y masiva para “incidir” en la “opinión pública”, es decir, para imponer sus ideas e intereses políticos a partir, principalmente, de los medios de comunicación, a las masas populares. No se trata aquí de justificar o legitimar sus actos, sino de obtener de ganar la “conciencia” de las masas, de tener su apoyo directo.[3] Como explicaba Marx la ideas sistemáticas (teoría) se convierten en fuerza material tan pronto como prenden en las masas, y es en las formas ideológicas donde las personas adquieren conciencia del conflicto de clases. Esto aplica no sólo del lado revolucionario, sino también desde el campo de la contrarrevolución. Si uno se olvida que los medios de comunicación no son sólo aparatos que reproducen la ideología dominante de forma natural, sino que también fungen como armas utilizadas conscientemente para difundir ciertas ideas en particular, perderíamos la oportunidad de defendernos y contraatacar al mismo nivel.[4]


2. La posición de la clase obrera y los estratos populares.

 

Bueno después de este breve análisis del carácter, las funciones y los papeles que tienen los medios de comunicación dentro del capitalismo, es necesario preguntarse ¿Qué posición debe tener la clase obrera y los estratos populares ante ello? ¿Cuál es la consigna justa respecto a este problema?

 

El movimiento #Yosoy132 puso sobre la mesa del debate político el tema de los medios de comunicación -que normalmente era obviado-, aunque desde el punto de vista pequeñoburgués. A partir de ese momento, han proliferado dos tipos de posiciones respecto a ello, ambas coincidentes en esencia: Una plantea la “democratización de los medios de comunicación”, que fue el eje del ala más moderada del movimiento #yosoy132; la otra plantea la necesidad de luchar contra el “sesgo informativo” las “cortinas de humo”, es decir, contra el papel de reproductor de la ideología dominante.

 

Revisemos que significado tienen estas dos consignas.

-> La “democratización”. Más arriba se decía que dentro del capitalismo el carácter de los medios de comunicación está determinado por la clase poseedora de éstos que los utiliza en primer término para hacer negocios. Desde este punto de vista queda claro que la “democratización” no puede significar que las amplias mayorías sean las propietarias o al menos dispongan de los medios de comunicación. Dentro del capitalismo la única forma de poseerlas sería teniendo el suficiente capital para comprarlas que es de lo que las amplias masas no cuentan. Supongamos que tampoco significa eso, sino únicamente la posibilidad de participar en su contenido; esto se vuelve un problema con su principal función, si la programación no vende, no es rentable, no podrá salir al aire. Por lo tanto el único sentido que tiene la “democratización” de los medios de comunicación, es la participación de aquellos que si cuenten con el capital para invertir, es decir, de los monopolios contendientes. La “democratización” de los medios de comunicación significa realmente fomentar la competencia entre monopolios en este sector. Y es en ese sentido en que se explica, la “misteriosa” relación entre algunos líderes del movimiento “yosoy132 y el grupo monopolista representado por Carlos Slim, quien disputa a Televisa y TvAzteca la entrada a la televisión abierta. Así que la consigna de “democratización” de los medios no sólo es pura utopía pequeñoburguesa, sino es una utopía que termina por apoyar a ciertos sectores monopolistas.

 

La otra consigna es la que reconoce su papel como reproductores de ideología y llama a romperlo, llama a no ver televisión, no ver noticieros ni “taranovelas”, en fin dejar de consumir la ideología burguesa, sin preocuparse porque se deje de producir. Esta consigna tiene un error fundamental, quiere evitar la consecuencia sin atacar las causas. Esta consigna ubica las formas más superficiales y cínicas de la ideología dominante, ataca aquellas manifestaciones más vulgares y evidentes: los noticiarios, las telenovelas, los partidos de futbol; y llama en vez de ello a “informarse”; sin embargo, en donde se puede informar la clase obrera si de todas las instituciones burguesas emana la ideología burguesa: de la escuela, el trabajo, las formas “refinadas” de cultura (teatro, conciertos, etc.).

 

Una cuestión que requiere tratamiento especial es el tema de los medios alternativos o independientes. Estos consisten en pequeños esfuerzos de colectivos, grupos, organizaciones o comunidades que enfrentan a los grandes medios de comunicación monopólicos sus propio mecanismos, principalmente impresos o en internet, aunque también abarca la radio y la televisión. Estos medios pueden servir como excelentes armas políticas e ideológicas si están bien dirigidos. Por ejemplo, la prensa comunista repartida en zonas industriales y obreras, o las radios comunitarias en pueblos rurales, pueden generar grandes sorpresas al organizar, agitar y formar a las masas obreras y campesinas. Pese a enfrentarse a armas de mayor alcance, trabajadas de forma precisa pueden llegar a neutralizar la ideología enemiga, como lo demuestra nuestro giro obrero. La cosa se complejiza cuando pasamos a su función como reproductor de ideología revolucionario. Aunque en ciertas circunstancias se puede lograr tener un periódico de miles de suscriptores o hasta llegar a tener su propio canal de televisión (como el Partido Comunista de Grecia), su alcance no podrá competir con el de los grandes monopolios. Como bien advertía Lenin en La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo, en ciertos momentos del desarrollo de la lucha de clases, la agitación y la propaganda llegan a su límite, y es necesario llevar a las amplias masas a posiciones políticas superiores, y la única forma de movilizar a esos millones de obreros y campesinos, es a través de la acción práctica de las masas.[5] Los meses que duró la APPO en Oaxaca enseñó más a la gente de lo que pudieron hacer miles de boletines y periódicos, o lo que pudo hacer años de ver televisión. Por lo tanto, confundir el papel de arma que pueden tomar los medios de comunicación “alternativos” o “independientes” con la función de reproductores de la ideología, que tiene como uno de sus pilares su masividad y permanencia; sólo puede llevar a concepciones irreales. Si no se comprende esto se llega a los absurdos de pensar que las “revoluciones árabes” (sic) fueron hechas por las redes sociales; o que es posible vencer la hegemonía ideológica de la televisión por medio de un sinfín de pequeños medios “alternativos”.

 

Ya que hemos visto a donde nos llevan las ideas predominantes sobre los medios de comunicación, debemos preguntarnos ¿Qué postura debe tomar la clase obrera y los estratos populares ante estos medios? ¿Cómo se puede vencer su hegemonía ideológica?

 

A partir de todo el análisis se explica que para vencer la ideología dominante deben transformarse las condiciones materiales que los generan. En otras palabras, hay que acabar con el capitalismo. Si queremos acabar con la alienación y enajenación de la televisión y la radio, del cine, de los periódicos, etc., debemos quitarles a sus dueños –los monopolios-, la posibilidad de producir y emitir sus ideas. Es necesario expropiar los medios de producción, y entre ellos, los de comunicación e información. Esto aseguraría por un lado que la burguesía no utilizara estos mecanismos para reproducir su dominación. El control de estos medios por parte de la clase obrera, también le aseguraría a esta, un instrumento para reproducir su ideología revolucionaria y para asegurar su poder revolucionario. Actualmente en pleno siglo XXI la expropiación de los medios de comunicación e información adquiere una mayor importancia para la dictadura del proletariado y la construcción del socialismo.

 

Para poder realizar esta expropiación, se requiere que la clase obrera y los estratos populares tomen el poder, lo que inevitablemente nos conduce al tema de la insurrección proletaria. Toda participación respecto a los medios de comunicación tiene que tener como perspectiva la insurrección, esa es la única posición correcta respecto a esta cuestión.

Esta última aseveración no es un deseo individual, sino es la tendencia que la realidad de la lucha de clases va marcando. El caso más clásico es el de la Revolución de Octubre, donde tuvieron prioridad junto a objetivos militares el asalto por parte de la guardia roja y los soldados revolucionarios a la central de telégrafos y de correos; así como el cierre de los periódicos burgueses. Tantos años de propaganda y agitación en periódicos, octavillas y volantes, para culminar con la insurrección.

 

Pero en un caso más reciente, podemos observar el papel que jugó la toma de las radiodifusoras y el canal 9 en Oaxaca durante el periodo de auge de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca. Frente al desprestigio constante de la radio y la televisión, la APPO decidió tomarlos para contrarrestar el ataque.[6] Al hacerlo descubrieron las capacidades inmensas que ofrecía atacar ideológicamente desde esos medios. Apareció el mismo pueblo retratado por las camaradas y escuchado en las radios, hablando sobre sus problemáticas, invitando a luchar, explicando sus razones. La gente se reconoció a sí misma en esos medios, siendo ese el sentido real de ser “participes” en la producción del contenido. Aparecieron programas de formación política, de análisis y discusión. Y finalmente, lo que resultó más importante, elevó el nivel de organización del movimiento, al poder centralizar la información y mantener al tanto de lo que ocurría en cada parte de la ciudad y en cada barricada. Los tres elementos de los que hablaba Lenin hace 100 años respecto a la prensa (su papel de agitador, propagandista y organizador) llegaban a un nivel superior.[7]

 

En síntesis: sólo la expropiación de los medios de comunicación en información, junto con la expropiación de los demás medios de producción, y su uso en función de las necesidades del poder obrero, puede asegurar un combate sistemático y permanente a la ideología burguesa. Por lo tanto, la clase obrera y su Partido Comunista, deben establecer una estrategia de medios de comunicación teniendo como perspectiva su uso para la insurrección proletaria.



[1] Imágenes del “alunizaje” del Apolo 11. https://www.youtube.com/watch?v=z-N3-2YTawI

[2] Sobre este tema son ilustradores las palabras de Eduardo Galeano en Patas Arriba. La escuela del mundo al revés:En vísperas de la navidad de 1989, pudimos todos contemplar el más horrendo testimonio de las matanzas de Nicolae Ceauşescu en Rumanía. Este déspota delirante, que se hacía llamar El Danubio Azul del Socialismo, había liquidado a 4.000 disidentes en la ciudad de Timişoara. Vimos muchos de esos cadáveres, gracias a la difusión mundial de la televisión y gracias al buen trabajo de las agencias internacionales que nutren de imágenes a los diarios y a las revistas. Las hileras de muertos, deformados por la tortura, estremecieron al mundo. Después, algunos diarios publicaron la rectificación, que pocos leyeron: la matanza de Timişoara había ocurrido pero había cobrado un centenar de víctimas, incluyendo a los policías de la dictadura, y aquellas imágenes espeluznantes no habían sido más que una puesta en escena. Los cadáveres no tenían nada que ver con esa historia, y no habían sido deformados por la tortura, sino por el paso del tiempo: los fabricantes de noticias los habían desenterrado de un cementerio y los habían puesto a posar ante las cámaras.”

[3] Como explicaba el camarada Stalin, en Sobre el Materialismo dialéctico y el materialismo histórico: “Sin embargo, de las palabras de Marx no se desprende que las ideas y las teorías sociales, las concepciones y las instituciones políticas no tengan importancia alguna en la vida de la sociedad, que no ejerzan de rechazo una influencia sobre el ser social, sobre el desarrollo de las condiciones materiales de la vida de la sociedad. Hasta ahora, nos hemos venido refiriendo únicamente al origen de las ideas y teorías sociales y de las concepciones e instituciones políticas, a su nacimiento, al hecho de que la vida espiritual de la sociedad es el reflejo de las condiciones de su vida material. En lo tocante a la importancia de las ideas y teorías sociales y de las concepciones e instituciones políticas, en lo tocante al papel que desempeñan en la historia, el materialismo histórico no sólo no niega, sino que, por el contrario, subraya la importancia de papel y la significación que les corresponde en la vida y en la historia de la sociedad.”

[4] Intuitivamente los comunistas se defienden y dan la batalle de las ideas, principalmente a partir de su prensa leninista y revolucionaria; aunque muchas veces ocurre que esto se da de manera aleatoria. Por ejemplo, el proceso bolivariano de Venezuela con más de 15 años en el poder, sufriendo el ataque de los medios de comunicación masiva a lo interno y a lo externo, no es aún capaz de sostener una batalla sistemática con las mismas reglas de juego. Apenas recientemente el año pasado es que comenzó a buscar centralizar una defensa mediática que coordinara los esfuerzos televisivos y periodístico con el apoyo en las redes sociales; cosa que la derecha venezolana lleva ejecutando desde hace más de tres años. (Que claro al no ser una dictadura del proletariado no puede y no quiere expropiar todos los medios de comunicación, que facilitaría la lucha ideológica)

[6] Para abundar sobre este tema puede verse el documental Un poquito de tanta verdad (https://www.youtube.com/watch?v=NKLdaPz2AR0&list=PL803407967DD002A2)

[7] El uso revolucionario de la radio, tiene ya un largo recorrido, pasando por Radio Rebelde en Cuba y Radio Venceremos en El Salvador, órganos de difusión de las guerrillas en sus respectivos países. Actualmente es necesario voltear a ver el tratamiento que dan las FARC-EP a los medios de comunicación en un sentido integral, que abarca desde su página de internet central (http://farc-ep.co/) y de sus diferentes frentes guerrilleros, la incursión en la música por internet, los documentales producidos, las revistas Resistencia, la edición de libros, su nuevo noticiero online El informativo insurgente (https://www.youtube.com/watch?v=LW41K_x14GM) y sus radiodifusoras clandestinas Cadena Radial Bolivariana (https://www.youtube.com/watch?v=vzobB-U9SBM)