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Sobre la muerte del profesor Claudio Castillo Peña o el papel del Estado

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Por Daniel Barra Sosa

 

El 24 de febrero el pueblo mexicano volvió a vivir la represión del Estado. En la ciudad de Acapulco, profesores de la CETEG realizaban un mitin para hacer presión al Estado, para que éste les pagase los salarios caídos. Los profesores desde el 8 de octubre levantaron la bandera de los normalistas desaparecidos haciendo un plantón en el zócalo de Chilpancingo.

 

Esta represión, resalta por el excesivo uso de la fuerza de parte de los elementos federales: más de 100 detenidos, cerca de una veintena de profesores heridos de gravedad, y en el ocaso de la tragedia, la muerte del profesor Claudio Castillo Peña, quien a sus 65 años era profesor jubilado y recurrentemente orador de la CETEG.

 

La justificación de la represión, fue que uno de los autobuses en manos de los profesores, embistió contra los uniformados. Al respecto, la dirigencia del magisterio democrático argumentó que tal unidad era operada por un infiltrado, y la autoridad reportó que tal acto dio pie al desalojo.

 

Este artículo, lejos de pretender ser amarillista, nos es útil para caracterizar los intereses y límites de Estado mexicano, es decir, la demanda que tenía a los profesores concentrados era: exigir el pago de sus salarios caídos. Sabemos que la CETEG no es timorata en sus exigencias y cuando hace presencia lo hace con fuerza, pero también sabemos que el Estado tampoco es timorato a la hora de infiltrar, provocar y justificar una represión. De tal forma, que no hay espacio a la duda cuando decimos que fue el Estado quien provocó la represión, ¿quién en su sano juicio creería que la CETEG con sus 35 años de experiencia daría pie a un enfrentamiento en medio de una negociación sin razón alguna? En Tixtla por ejemplo, la cetegistas embistieron a los federales con una camioneta, pero era al calor de la batalla, no buscando pretexto para iniciar un combate.

 

Sobre los límites, aún con el antecedente expuesto del autobús, la policía no se limitó a la hora de reprimir, el Estado no se limita a la hora de reprimir. Da lo mismo ser joven o viejo, el Estado burgués detiene, encarcela y mata. Así de sencillo, quien pretenda defenderlo que lo intente reviviendo al camarada Claudio, o curando a los 20 profesores heridos de gravedad. ¿Policías heridos? Cierto, pero no olvidemos las causas que determinan a cada uno de los actores en la batalla: los profesores sus salarios (interés como miembros de una clase social) y los policías, como defensores de los intereses de la burguesía, es cierto, muchos quisieran no estar ahí, pero para su infortunio, lo están y están con el enemigo.

 

Ahora bien, en días recientes hemos visto el cerrar de filas de la burguesía y el Estado mexicano. Se vuelve cada vez más evidente la inconformidad de los sectores empresariales ante la falta de mano dura de sus representantes ejecutivo y legislativos, quienes en la vía de los hechos tienen dos caminos, estar con el pueblo o ser sus enemigos, y creo que la realidad es más que evidente, un profesor de 65 años que no alcanzó a huir por andar con bastón y que muere asesinado a golpes por la policía, para el resto de los profesores, o ser detenidos y golpeados o sencillamente no recibir salarios. Exposición manifiesta de a quien sirve el Estado mexicano, el Estado mexicano defiende a los monopolios, nosotros, no somos más que números, estadísticas, futura mano de obra barata o futuros desempleados. Cambiar esta realidad de nosotros depende, confiar en ellos es pecar de ingenuidad romántica.