22 | 08 | 2018

Sobre la Marcha del 5 de Mayo: La consigna de la paz en los marcos del capitalismo

Julián Ramírez, militante de la LJC

Parece ser necesario pronunciarse sobre un acontecimiento en el cual encontramos a un gran número de activistas, cuadros y organizaciones involucrados. Un espectro amplísimo, que han marchado en torno a la consignas de “no más sangre”, “estamos hasta la madre”, etc. Parece ser necesario pronunciarse aunque el sentido de nuestro pronunciamiento no agrade a muchos.

Empecemos por analizar la cuestión de la guerra en general para valorar en ese marco las consignas elevadas ante la guerra del narco en México.

 

La guerra en general

La guerra no es un satélite que orbite fatal y eternamente en torno a la humanidad. La guerra apareció en cuanto apareció la explotación del hombre por el hombre. Con el antiguo régimen esclavista, o con el asiático si hablamos de la antigua China o India, la sociedad se escindió en clases y fue necesario para la clase opresora sustituir el antiguo pueblo armado con un cuerpo de guerreros especializados que defendieran al nuevo Estado, y con él a los intereses de la clase opresora contra los oprimidos. La sed de aumentar su dominación llevo al uso de este mismo cuerpo para el sojuzgamiento de otros pueblos cuando estos se oponían u otros poderes rivales les disputaban el control.

En la época actual, la época del imperialismo, época del capital monopólico, las guerras tienen su origen en la pugna por los mercados. Es la necesidad de realizar el ciclo de la mercancía, la necesidad de controlar el flujo de capitales, mercancías y materias, la necesidad de obtener la máxima ganancia, lo que determina que unas y otras secciones de la burguesía choquen conforme se fortalecen o debilitan respectivamente.

Es el grado de acumulación, el grado en el cual el modo de producción ha alcanzado sus límites históricos lo que engendra la barbarie. Nuestra humanidad ha conocido verdaderas catástrofes impulsadas por los señores de los monopolios, guerras mundiales que no cobraron decenas de miles sino decenas de millones de muertos, guerras que han puesto a la humanidad entera al borde del colapso desde hace décadas.

Pero también los explotados pueden empuñar las armas y levantar una guerra propia. Desde Espartaco, pasando por las guerras campesinas de la edad media, hasta las revoluciones proletarias. Hemos conocido amotinamientos, rebeliones, sublevaciones, levantamientos, insurrecciones y guerras civiles levantadas por los oprimidos.

La guerra es pues, un medio para imponer la voluntad sobre el enemigo. Es decir es la continuación de la política por otros medios, a saber medios violentos. Así, nosotros no somos pacifistas a ultranza. Para caracterizar cada guerra analizamos que política la engendra, que contenido clasista es el que reviste. Si es la voluntad de los oprimidos la que intenta quebrar la resistencia de sus opresores no solo no la condenamos sino que la apoyamos, se trata para nosotros de una guerra justa. Si se trata del interés de los capitalistas no solo no la apoyamos sino que nos oponemos a ella, independientemente del país, color o discurso que adopte esa burguesía, independientemente de detalles como quien haya atacado primero, se trata para nosotros de una guerra injusta.

¿Cómo detener una guerra injusta? Los comunistas hemos levantado la consigna de la paz siempre que se ha tratado de una guerra injusta. Pero jamás nos hemos conformado con esa consigna si no va acompañada de un cuestionamiento a las causas que engendran a la guerra. Eso sería insuficiente. Si perviven las causas que llevaron a dos fuerzas a chocar militarmente el conflicto se mantendrá latente, habrá tregua más no paz. Por ejemplo, la paz de la primera guerra mundial engendró las condiciones para una guerra todavía más terrible. Otro ejemplo es que tras la contrarrevolución en el campo socialista el imperialismo nos prometió una época de paz y tranquilidad, todo lo contrario a lo que hemos visto.

La política comunista se enfoca en atacar las causas que engendran las guerras modernas. Durante la época de la 1ª guerra mundial consideramos insuficiente el enfoque de los pacifistas, que buscaban tocar la conciencia de los capitalistas o considerar acabada la guerra con su no participación, nosotros llamamos a transformar la guerra imperialista en guerra civil contra la burguesía. En momentos menos favorables, cuando se levanta una consigna contra la intervención y agresión imperialista se hace con el afán de ir inculcando a nuestra clase la clara conciencia de que comparte intereses con los obreros y los pueblos de otros países que sufren y se oponen a los mismos enemigos que ella. Hoy día alabamos los esfuerzos, emanados del mismo problema, de autodefensa de los pueblos campesinos pues siembran las ideas del poder popular.

Y es esa falta de ataque a las causas que engendran la barbarie, es esa falta de contenido clasista lo que observamos en la política que se propone.

La guerra en México, la consigna y el programa levantados

Ya anteriormente, el partido y la liga han abordado esta cuestión en foros, en sus páginas de internet, en el periódico, etc. La guerra desatada en México es igualmente una guerra por el mercado. A pesar de no estar reconocidas legalmente como tales, las drogas son una mercancía, como tales el control sobre su producción, transporte, comercialización, etc., tiene como objetivo la búsqueda de la máxima ganancia por parte de la burguesía. Pensamos que se trata de un periodo de acumulación para una sección de la burguesía.

La disputa entre varias “empresas” por este mercado no puede dirimirse de la misma manera que se dirime el conflicto entre, digamos, Televisa y Telmex, por no estar mediada legalmente su relación. Difícilmente por sus destructivas características se podría legalizar, debemos aclarar que aún si existiese dicha posibilidad nosotros nos opondríamos resueltamente. Se dirime por tanto violentamente.

Bien, para no divagar, lo que decimos es que mientras subsista el mercado, mientras subsista la compra y venta de mercancías, mientras el trabajo siga sojuzgado por el capital, mientras la producción se haga con arreglo a la obtención de la máxima ganancia, existirá y se agravará la barbarie en nuestro país, una de las graves expresiones de dicha barbarie es la muerte masiva de jóvenes que no encuentran ningún empleo, o la masacre de cientos de trabajadores migrantes. La guerra actual es una guerra que no es del pueblo, y debemos acabar con el mercado si aspiramos a no sufrir más esta barbarie.

Cuando hablamos de la muerte entre nuestra clase no lo hacemos solo por usar una par de conceptos, para nosotros correctos. Hablamos del dolor sentido por nuestras familias obreras, por nuestras madres, padres, hermanos, primos, tíos, amigos, vecinos, hijos, a diario.

El dolor de un padre tiene una dimensión humana y no nos cabe ninguna duda sobre lo profundo y terrible que es.

Más lo mismo no puede decirse de la política emprendida a partir de ahí por los intelectuales de la no-violencia que como flautistas de Hamelín arrastran a todos los activistas y cuadros de este país. Conocemos bien y de primera mano a los voceros y personajes de dicho movimiento, mejor tal vez de lo que ellos nos conocen, y les decimos con toda honestidad que diferimos de su posición.

Es inverosímil hablar de espontaneidad en dicha movilización. Numerosos medios escritos y electrónicos, las televisoras, las universidades públicas y privadas, etc., que con otros movimientos guardan un malicioso silencio ahora hicieron uso pleno de su capacidad de convocatoria. Aquí no estamos frente a la espontaneidad del pueblo, sino de las capacidades mediáticas e institucionales de la pequeña burguesía.

Una más que considerable porción de la masa que se movilizó fue aportada por organizaciones que mantenían una política diferente. Y he aquí la cuestión, la política de otras organizaciones, sindicales, obreras, populares, ha venido a modificarse para amoldarse a la dirección en la cual sopla el viento de los media. Aún fuerzas con la capacidad para movilizar a 20 mil de sus militantes han modificado drásticamente su posición.

Para nosotros si se trata si es derecha, centro o izquierda, si se trata de si se es más pobre o más rico, si se trata en suma del contenido clasista de la consigna y del movimiento, si obedece a una perspectiva proletaria o cuando menos si fortalece el polo de las fuerzas anticapitalistas.

El programa que se levanta, sus medidas concretas han sido las siguientes: Renuncia de García Luna, Regreso de los militares a sus cuarteles, no presentar candidato del PRI, PAN y PRD sino presentación de un candidato ciudadano de unidad nacional, moderación de la violencia por parte de los cárteles, en suma la paz y la tranquilidad. Convencer a la burguesía de abstenerse de prácticas muy violentas.

Pero no hallamos ahí nada que hable del fin de la explotación capitalista, del fin del Estado burgués, de hecho de lo que habla es de una renovación, y por tanto fortalecimiento, de ese Estado. Se quiere acabar con la barbarie capitalista sin acabar con el capitalismo, se quiere mantener la explotación del trabajo por el capital sin verse las capas medias arrastradas a ninguno de los conflictos que esto engendra. Para nosotros eso es decir que no importa que los obreros sigan sufriendo la miseria, la explotación y la muerte, que no importan los migrantes, que no importa toda la destrucción que supone el capitalismo, siempre y cuando no se haga patente esa barbarie.

Quienes participan en dichas movilizaciones lo hacen desde diversos ángulos, hay quienes afirman, a pesar del programa, que se trata de una movilización anticapitalista, hay quienes lo hacen en nombre de la “unidad” del movimiento, hay quienes van por la legalización de la droga, hay quienes van por la libertad de los presos políticos, etc. Miles de consignas más una sola que las convoca y por tanto define.

Ningún movimiento en la naturaleza tiene infinitud, yo puede aventar un lápiz con más o menos fuerza, pero este no dará treinta vueltas al planeta, las montañas o el sol pueden durar mucho pero no son eternas, la humanidad misma se transforma y algún día desaparecerá. Igualmente en la política todo movimiento tiene sus límites.

Por un lado no puede hablarse de masas, o de quedar aislado de las masas, con 50 mil personas, inclusive en sus buenos tiempos la Otra Campaña o, digamos López Obrador, movilizaba más. Aún las marchas del primero de mayo, con excepción del año de la influenza las más débiles, fueron de 60 mil. La magnitud de la movilización no alcanza para forzar al gobierno en turno para siquiera cortar el cuello de un funcionario, ya no digamos convencer al PRI, PRD y PAN a no presentar candidato, o a los capitalistas involucrados abandonar un mercado de varios miles de millones de dólares. Así de cruel es la realidad.

Pero nunca es el factor cuantitativo el decisivo, es el cualitativo. Y he aquí la cuestión. Aún si se radicalizara la posición, y se diera cuenta dicho movimiento que la barbarie que vivimos tiene su fuente en el capitalismo, y contra él enfilara su fuerza, se vería el enorme vacío que significa el no contar con la clase obrera para combatir a los capitalistas, y que para moverlos haría falta levantar consignas que respondan a sus intereses, y eso escapa a los límites del programa que se enarbola.

Es de verdaderos oportunistas el afirmar que pese a esas diferencias se va para reclutar o cooptar a jóvenes que participan en dicho movimiento. Lo decimos porque existen organizaciones que eso nos han declarado, nos reservamos de citar a los que confiesan tan ligeramente esa práctica. La verdad es que además de oportunistas es de ingenuos, porque lo que se hace es preparar y educar cuadros cuyo trasfondo e intereses de clase no apunta en dirección a un polo anticapitalista.

No sabemos si opinar lo mismo de quien acude por el repliegue y la correlación de fuerzas tan negativa que se observa en todo el continente. Tal vez se obedezca a un instinto tan natural que es el de supervivencia. Aunque seamos los únicos carentes de dicho instinto, nosotros insistimos en no guarecernos bajo cualquier techo o sombrilla durante la actual tempestad, continuaremos nuestro camino para llegar lo más pronto posible a nuestro destino, ¿Quién sabe?, tal vez el agua que se nos acumule llegue a ser decisiva.

Conclusión

En suma, no puede haber paz ni tranquilidad mientras persista la explotación. Y aun si pudiese la explotación y la barbarie capitalista acompañarse de un manto de paz y tranquilidad nosotros nos encargaríamos de despojarle ese manto.

Partido Comunista de Mexico

El Comunista