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Para nosotros los comunistas está claro que esto es la lucha de clases, y que no basta con detener los golpes de nuestros agresores.

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Algunos consejos del Comandante Guevara






Por Martha Aguilar.

En estos momentos donde se desata sin reparos la guerra imperialista contra los pueblos del mundo, hemos podido observar cómo se recurre a los discursos sobre la paz y tranquilidad de aquellos que constantemente son violentados por el poder opresor, por el poder de los explotadores. Esos discursos buscan justificar todas las medidas que se implementan a punta de golpes y balas contra aquellos a los que no les ha traído más que muerte el enriquecimiento de unos cuantos. En estos momentos de crisis del sistema capitalista, una crisis de sobreacumulación y sobreproducción, hemos visto cómo la guerra imperialista adopta no sólo todas las facetas posibles sino también todas las medidas posibles, todas ellas violentas. Desde los paquetes de reformas o las también llamadas 'medidas de austeridad', hasta las llamadas “guerras contra el narcotráfico” o “antiterroristas”, incluyendo las provocaciones del ejército estadounidense hacia el pueblo norcoreano, han demostrado lo insostenible del sistema en el que vivimos.

Esos golpes que se asestan contra nuestra clase, han llevado al pueblo a organizarse y a resistir de diversas maneras, y ante ello el enemigo actúa de manera cada vez más cruenta y salvaje contra la organización obrera y popular. En el caso de México vemos medidas como “el cinturón centro” que no es sino una estrategia político-militar en la que los órganos represivos del estado burgués buscan neutralizar cualquier intento de organización en los estados en que se implementa (D.F., Veracruz, Puebla, Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Morelos, etc.). En dicha medida los jefes de gobierno, policía, marina, ejército, secretarios de seguridad y de gobierno, etc. se reúnen cada quince días para ver los avances de su estrategia, que tiene entre sus objetivos principales desarticular (o aniquilar) a las policías comunitarias que surgen como una necesidad objetiva del pueblo para la autodefensa y que todo el tiempo son acusados por los mass media de bandidos y criminales, y que como tal son tratados por los órganos de la represión.

 

Para nosotros los comunistas está claro que esto es la lucha de clases, y que no basta con detener los golpes de nuestros agresores. “Detener el golpe enemigo no basta para vencer” decía Ernesto Guevara en sus Consejos al Combatiente publicados en ‘Verde Olivo’, periódico del Ejército Rebelde, a lo que además agrega: “esquivando los golpes del adversario o deteniéndolos con los brazos no se gana ninguna pelea. Si no fuera así, el mejor boxeador sería el saco de arena que recibe impertérrito los golpes más potentes”. Tanto en el box, como en la lucha de clases, para vencer hay que contar con una estrategia capaz de detener los golpes sí, pero también capaz de golpear. Entendemos que ello es imposible sin organización, aunque indeseable a los ojos de la burguesía. Por eso es más que evidente, que la “Cruzada contra el hambre” o sus discursos acerca de la paz, están impregnados de la moral burguesa -plagada de hipocresías, maniqueísmos, contradicciones y absurdos-, y tiene como única función contribuir a la acumulación del capital. Es su única función y está en función de ello.

Es por eso que nuestra clase, creadora en todos los sentidos, crea también una moral distinta a la de su opresor, pues sus condiciones de vida la llevan a repudiar los falsos valores y aspiraciones que le impone la superestructura de la sociedad burguesa. Ciertos estamos de que aunque haya “vicios heredados”, la moral de nuestra clase está determinada por su papel en la producción social, y es a la vez parte de los aspectos subjetivos que llevan a un individuo a luchar: un alto sentido de la justicia, de la lealtad, de la disciplina, de la verdad, de la solidaridad, de libertad. En ello radica el heroismo de nuestra clase, y es lo que lo sitúa por encima del enemigo.

Esos elementos también se forjan en la lucha, con nuestros camaradas, pues “el marxismo es la ciencia del ejemplo” y se vuelven un elemento constituyente e indispensable para que la organización revolucionaria llegue a cumplir el objetivo que se ha trazado.

Esos elementos fueron, son y tienen que ser un distintivo de los comunistas, pues debemos  demostrar con nuestra práctica, que “libertad”, “justicia”, “paz”, no son sólo abstracciones o palabrería utilizada por el enemigo de clase para justificar el aniquilamiento de nuestros pueblos, o en consignas que no hacen eco en las acciones. La moral refiere a las normas de conducta, y en nuestra conducta, en nuestro actuar cotidiano, se tiene que expresar.

Para la juventud, esa debe ser una tarea primordial. Siguiendo las palabras del comandante, tiene que ser algo que venga del interior y no algo impuesto por el exterior, tiene que partir del convencimiento militante del por qué y el para qué de la lucha, de la revolución; incluso cualquier tarea -grande o pequeña- no sólo carecería de sentido sin ese convencimiento de por medio sino que, muy probablemente, sin él, se realizaría con desaveniencias o no se realizaría.

Sin embargo, a ese convencimiento no se llega de manera mecánica o por contagio; para ello es indispensable el estudio, plantearnos preguntas para darles respuesta con la teoría, con la práctica. Nuestra moral no puede ser impuesta, “hoy como ayer, aunque exista un aparato que se dedique específicamente a castigar las faltas, la disciplina no puede ser dada de modo completo por un mecanismo exterior, sino lograda por el afán interior de superación de todos los errores cometidos”, teniendo como un deber en todo momento, no sólo elevar nuestra moral de lucha, sino también la de nuestros camaradas, pues según Ernesto Guevara, esto no sólo nos distinguirá del enemigo, sino que será decisivo en el combate.

¡Con alegría y convicción luchamos por la Revolución!

Un ejemplo a manera de epílogo:

“El soldado rebelde no bebía, no porque su superior lo fuera a castigar, sino porque no debía beber, porque su moral le imponía el no beber y su disciplina interior le reafirmaba la imposición de la moral de ese ejército (...) Igual que en la Sierra, no debe beber el Rebelde, no por el castigo que pueda aplicarle el organismo encargado de hacerlo, sino simplemente porque la causa que defendemos, que es la causa de los humildes y del pueblo nos exige no beber, para mantener despierta la mente, rápido el músculo y en alto la moral de cada soldado, y debe recordarse que hoy, como ayer, el Rebelde es el centro de las miradas de la población y constituye un ejemplo para ella.”