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Hoy debemos definir nuestra postura ante la vida y decidir si declinamos ante el horrendo orden establecido o nos convertimos en verdaderos revolucionarios

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Liga de la Juventud Comunista, alternativa para la lucha.




Por Miguel Ángel Lara

Ante la difícil situación que enfrenta nuestro país actualmente y con él, el mundo entero, la sociedad se encuentra desesperanzada, sin oportunidades de progreso. Todo esto a causa del brutal sistema capitalista que impera, sistema donde la producción de las mercancías no va de acuerdo a las necesidades de la gente, sí no, mas bien, a las condiciones del mercado y al hecho de que las riquezas no pasan a manos de quienes las producen, pasan a manos de los dueños de los medios de producción y las materias primas, quienes acumulan los frutos que la sociedad genera, mientras esta, cada vez cae en una situación más deplorable.

Exceptuando a una mínima parte de la población, ya mencionada arriba, tales condiciones afectan a la sociedad, provocando su descomposición, causando un daño particularmente serio en un sector de la sociedad muy especial, su juventud, ya que es la que más expuesta esta a los abusos, ya sea por su falta de experiencia o por sus necesidades, necesidades que los obligan a aceptar empleos donde se les paga menos, por el simple hecho de ser jóvenes y demás situaciones similares. Para nosotros, como jóvenes, es más desalentador el panorama, ya que lejos de mejorar, el escenario se complica cada día más. Debemos trabajar más para ganar menos, debemos prepararnos más para conseguir trabajos mediocres y esto si nos va bien. Hay millones de jóvenes que no tiene acceso ni al trabajo, ni a la educación. Para muchos de estos jóvenes la única alternativa se encuentra, desgraciadamente, en el crimen. No es casual que cuanto más aguda es la crisis, mayores son los índices de criminalidad y violencia.

Todo esto va en oposición a las ilusiones y expectativas que uno se plantea a futuro. Futuro, en eso pensamos con bastante frecuencia los jóvenes preguntándonos: ¿Qué será de nosotros? ¿A que nos dedicaremos? ¿Alcanzaremos nuestras metas? Etc.

Nuestro futuro, es incierto, cuando no oscuro, si no es de lucha. Dentro del corazón de los jóvenes comunistas, está claro que nos negamos a vivir de una forma miserable y que renunciamos al legado de la explotación, la injusticia y la violencia. Esto es un rayo de esperanza. Ya que en las jóvenes manos esta, más que en ningunas otras, la fuerza motora capaz de transformar la realidad. Es su naturaleza rebelde e insumisa la que provee esta fuerza.

Es ahora cuando debemos forjar nuestro destino, cuando debemos alzar la voz y decir “no” a los absurdos, no al hambre, no a la barbarie, ahora es cuando debemos prepararnos para enfrentarnos a aquellos que frenan el avance del género humano, ahora tenemos la oportunidad de depurar los errores y vicios que la sociedad arrastra.

Hoy debemos definir nuestra postura ante la vida y decidir si declinamos ante el horrendo orden establecido o nos convertimos en verdaderos revolucionarios que luchan por la construcción de la sociedad justa y equitativa, donde todos podamos alcanzar con seguridad una vida digna. Ya que la revolución es el único medio que puede eliminar el sistema en el que vivimos, para construir uno completamente nuevo.

Como dijo Salvador Allende: “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”. Considero que es verdad, porque en esta etapa es cuándo se nota más vívidamente lo que deseamos y son más acuciantes las ansias de éxito, eso nos motiva a movilizarnos.

En la LJC sabemos que no será tarea fácil lograr nuestras metas, el camino es largo y complicado, es una tarea titánica. Más esto no debe abatirnos, ya que cada que un joven se nos une es un escalón que nos acercara a nuestros objetivos. En la LJC nos consta que la lucha de clases existe y tenemos claro que nuestros enemigos principales son el capitalismo, el imperialismo y los monopolios, que generan la explotación y la concentración de las riquezas en manos de unos cuantos. Nosotros lucharemos contra ellos para lograr la construcción del socialismo-comunismo, dentro del cual la riqueza sea repartida justamente, para devolverle lo que por derecho les corresponde a quienes trabajan, a la restauración de la sociedad y a poner en el camino del progreso a todo el género humano.