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Su poesía más que una tarea fue un deber, un compromiso para con su pueblo, y su contribución no son metáforas infructuosas ni versos estériles.

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Un cuadro de Gioconda Belli


Por Martha Aguilar.

 

I.

La lucha sandinista fue una de las luchas más importantes libradas en América Latina durante el siglo XX. Fue una lucha contra la ocupación y contra la dictadura, pero también fue un proceso revolucionario fuertemente golpeado por la contrarrevolución en la Unión Soviética y por el constante hostigamiento del imperialismo y sus órganos internacionales que, después de la etapa de ascenso revolucionario (1956-1975), se manifiestan como 16 años de gobiernos procapitalistas y conservadores, así como en posturas socialdemócratas y revisionistas. Sin embargo, los aportes de dicho proceso se pueden leer en la historia -y, por qué no, en el presente- de Nicaragua, pero también en su poesía. Sus poetas contribuyeron con su labor a la etapa de ascenso revolucionario no desde la comodidad de la palabra sino con su poesía militante. Entre ellos encontramos a Leonel Rugama, Ernesto Cardenal y a Gioconda Belli, entre otros compañeros y compañeras poetas, ensayistas, novelistas, etc.

II.

Gioconda Belli nació un 9 de diciembre de 1948 y se unió al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) llegados los años setentas y separándose de él en 1994 al considerar que las acciones y posturas del Frente afectaron su funcionamiento como partido revolucionario. En el frente desempeñó diversas tareas: transportando armas, como correo clandestino, consiguiendo recursos y divulgando la lucha sandinista en aquellos lugares a donde la llevó el exilio en 1975 después de la represión y persecución de la que fue objeto por su labor cultural y política, llegando a ser miembro de la Comisión Político-Diplomática del FSLN.

Su poesía más que una tarea fue un deber, un compromiso para con su pueblo, y su contribución no son metáforas infructuosas ni versos estériles, pues son semilla que germina para plasmar la visión de la mujer, acerca de la mujer misma y de la lucha revolucionaria, que sin hembrismos nos muestra la liberación y la emancipación del género como género humano, con las diferencias propias de hombres y mujeres, así como de sus contradicciones, sin perder de vista que el hombre nuevo y la mujer nueva, se preñan desde ahora para ser paridos con la nueva sociedad y el triunfo de la revolución.

Su trabajo ha sido reconocido en varios países, entre estos reconocimientos se encuentra en Premio "Casa de las Américas" que le fue otorgado en cuba por el libro "Línea de fuego" y entre sus poemas destacan¿Qué sos Nicaragua?, Nicaragua agua fuego, Patria Libre: 19 de julio de 1979, Uno no escoge, Claro que no somos una pompa fúnebre, Ahora vamos envueltos en consignas hermosas, Hasta que seamos libres, Quedará de nosotros... Retrato de ciudad, Vencer las trampas, Nueva tesis feminista, por mencionar sólo algunos.

En ellos Gioconda hace pequeños cuadros que van conformando una imagen muy bien definida de la revolución, no sólo de la parte más dura o del para qué, que bien podrían quedarse en la palabra sino que al final, la imagen que uno se forma es de un combatir diario, de manera inseparable, hacia adentro y hacia afuera; conformando así un cuadro que no es estático, sino que tiene todo el dinamismo que le otorga la palabra.

III.

El cuadro poético que construye en Reglas de juego para hombres que quieran amar a mujeres mujeres, podemos ver el contraste entre la idea de amor revolucionario y la idea de amor de resabios feudales que se entretejen con la ideología capitalista. Fuera de la idea del "príncipe azul" o de las personas como mercancías (desechables y reemplazables), Belli expone once "reglas" que no hablan sino del amor revolucionario, en el que la equidad, la reciprocidad y el compañerismo son parte sustancial y constitutiva: "El hombre que me ame / no querrá poseerme como una mercancía, / ni exhibirme como un trofeo de caza, / sabrá estar a mi lado / con el mismo amor / con que yo estaré al lado suyo" dice. Logrando así concretar, entre verso y verso, once ideas que van pintando ese cuadro en el que la lucha no se separa del amor, pues es un amor combativo y en él lo personal es político.

Aún cuando "separar lo personal de lo político" ha sido consigna de un gran número de intelectuales, Gioconda nos muestra la imposibilidad de ello al agregar "Por sobre todas las cosas, / el hombre que me ame / deberá amar al pueblo / no como una abstracta palabra / sacada de la manga, / sino como algo real, concreto, / ante quien rendir homenaje con acciones / y dar la vida si es necesario."

Ya casi para completar el cuadro, Belli escribe "El hombre que me ame  / reconocerá mi rostro en la trinchera / rodilla en tierra me amará / mientras los dos disparamos juntos / contra el enemigo". Es hasta este punto en el que la figura aparece claramente, y podemos ver con toda su nitidez que el amor rodilla en tierra de Belli es diferente al cliché que se difunde ampliamente en nuestra sociedad, del hombre arrodillado ante la mujer. Belli renuncia a eso para deshacer la falsa imagen del príncipe arrodillado en petición amorosa, pues se ve expuesto (con o sin metáfora) el combate revolucionario como una muestra de amor, no  sólo entre dos personas sino, "sobre todas las cosas", hacia el pueblo "real y concreto", terminando por completar el cuadro con pinceladas de compañerismo que rompe con "las debilidades que, por siglos, nos mantuvieron separados / como seres de distinta estatura".

Eso marca una diferencia sustancial. La poesía de Gioconda no es una mera contemplación, es experiencia, construida en un combate diario que se alimenta de la lucha. Es una poesía que no se atrinchera en la palabra sino que usa la palabra desde la trinchera para combatir también en el campo de las ideas.