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¿Victoria para los Obreros o Victoria para los Capitalistas?

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VIVIMOS UNA ÉPOCA DE REVOLUCIONES

Julián Ramírez, militante de la LJC

Ya son repetidas las ocasiones en que al repartir nuestros boletines, periódico y propaganda los compañeros nos replican que están de acuerdo en general con lo que planteamos “pero que está muy difícil”, que; en resumidas cuentas, ya no vivimos una época en que las revoluciones sean posibles.

Nosotros queremos insistir en que las revoluciones son posibles en las condiciones actuales, pero además en el actual periodo necesariamente se van a producir levantamientos en todo el mundo. Los últimos acontecimientos en el Norte de África, en Medio Oriente y en Europa vienen a confirmar esto.

Empecemos por preguntarnos, ¿Qué es una revolución?, ¿De qué depende que estallen?, ¿Pueden darse revoluciones actualmente?

Una revolución es un acto violento mediante el cual una clase derroca a otra. Mediante este acto el poder estatal de una clase dominante es hecho pedazos, y en su lugar se levanta el nuevo poder de la clase oprimida. Hemos conocido ejemplos de revoluciones triunfantes y derrotadas a lo largo de la historia de la humanidad, a lo largo de la historia de nuestro pueblo. La clase obrera en su lucha de siglos contra sus explotadores capitalistas ha conocido las revoluciones y las contrarrevoluciones.

Las revoluciones cumplen un papel necesario en la historia, ninguna clase opresora ha cedido jamás su posición sin librar una lucha a muerte primero, y sin derrocar a estas clases retrogradas el avance en la sociedad sería imposible. Solo los ciegos y los ignorantes desconocen el hecho de que estos momentos de crudos choques resultan en cambios que permiten grandes periodos de desarrollo, mejoras y avances para la humanidad. Pero las revoluciones no suceden por antojo, no basta con desear que se produzcan, y viceversa, tampoco pueden evitarse o detenerse con temerles y alejarlas de nuestra mente.

Para poder resolver su existencia, para obtener sus bienes, los hombres ponen en acción medios, herramientas, instalaciones, etc. y transforman la naturaleza. Los hombres, las masas trabajadoras y los medios que emplean son las fuerzas productivas de una sociedad. Desde que nacemos en este planeta entramos en relación con el resto de los seres humanos para producir, cambiar y distribuir los bienes materiales, estas son las relaciones de producción. Cuando los medios que requerimos no pertenecen a toda la sociedad, sino a determinadas personas, se establecen relaciones de explotación, relaciones de dominación y subordinación. Esto lo sabe actualmente cualquier obrero, que acude a vender su capacidad de trabajo porque no dispone por sí mismo de medios, porque no tiene de otra, y que sabe que al interior de la empresa estará sujeto a la tiranía de los patrones.

Cuando las fuerzas productivas avanzan lo suficiente pero las relaciones continúan atrasadas surge un problema, una contradicción, entonces entramos objetivamente a un periodo revolucionario. Los bienes de la civilización y la cultura se alejan de la mayoría. El hambre, la guerra, la miseria, los problemas sociales se multiplican, el descontento crece, miles y luego millones se mueven exigiendo cambios; aún sin saber exactamente cual cambio puede resolver sus necesidades. La clase opresora y su Estado pasan a defenderse cruelmente. Entonces puede apreciarse a la luz del día la posición que ocupa cada clase, a quien le pertenece el futuro. En el capitalismo el choque entre fuerzas productivas y relaciones de producción significa la crisis, y la lucha entre clase oprimida y opresora significa la lucha cada vez más encarnizada entre los obreros y los capitalistas.

Hoy conforme se agravan los efectos de la crisis, en todo el mundo nuestra clase choca contra sus opresores. Al igual que en México, en todos los países capitalistas los burgueses hacen que los obreros carguen con los costos de su crisis, les reducen el salario y las prestaciones, aumentan los impuestos y el precio de todo, arrebatan derechos a los jóvenes trabajadores, despiden sin misericordia a millones, persiguen a los obreros migrantes, disuelven, destruyen o inutilizan a los sindicatos y en caso extremo lanzan al ejército contra los obreros. Sin embargo, no en todos lados se ha resignado nuestra clase a apretar los dientes y murmurar.

Algo que caracteriza los periodos revolucionarios es que en pocos días sucede lo que antes tomaba décadas o siglos. Hoy nuestra clase se defiende en todo el planeta, pero está conociendo rápidamente cuáles son sus capacidades y cuáles son las de su enemigo. Nuestra clase se prepara para tomar por asalto el poder de los burgueses y para levantar el suyo propio.

En Grecia vemos huelgas generales que paralizan a todo el país y demuestran el poder de los obreros aliados con los campesinos, los jóvenes estudiantes y desempleados, los migrantes, los pobres del campo y la ciudad. El ejemplo griego es seguido por sus hermanos de clase en Europa, los obreros de Irlanda, Francia, España, Portugal, etc. paralizan las fábricas, los transportes y las instalaciones estratégicas; como las refinerías. En Egipto, en Túnez, en Bahréin y el resto de los países de Medio Oriente donde se levantan los pueblos la clase obrera ocupa un importante papel. Realiza huelgas generales y dirige al resto del pueblo contra los dictadores.

Compañero: No hay vuelta de hoja. Las rebeliones y los levantamientos ya están sucediendo hoy. Lo que queda por plantearse es que salida se le dará. La salida capitalista consiste en ahogar en sangre las huelgas y los levantamientos, en empeorar nuestras condiciones de vida y laborales. La salida comunista consiste en organizar y unificar a los obreros, en formar alianzas con los campesinos y el resto de los explotados para que cuando llegue el momento decisivo avancen, arrebaten las fábricas y el poder estatal a los capitalistas y los utilicen en beneficio de las masas trabajadoras. ¿Victoria para los Obreros o Victoria para los Capitalistas?